EFEValladolid

Un fresco de la fotografía española de las décadas de los 50 y 80, vitales para su renovación y evolución, resume desde este viernes "Derivaciones", una exposición antológica y conmemorativa del vigésimo aniversario del Museo de Arte Contemporáneo Patio Herreriano, inaugurado en Valladolid en 2002.

Desde Oriol Maspons hasta Alberto García-Alix, de Ramón Masats y Francisco Ontañón hasta Ouka Leele y Chema Madoz, "Derivaciones" es un tránsito desde la fotografía documental como expresión de rebeldía y afirmación de posiciones, en los años de posguerra, a la libertad individual y creativa de los ochenta, ya en democracia.

Al mismo tiempo representa un testimonio social, etnográfico y en ocasiones antropológico de la España rural y urbana en los años cincuenta de posguerra y escasez, con leves atisbos del desarrollismo visible en los sesenta, el despertar y presentimiento de los setenta y la liberación de los ochenta.

Cada etapa tiene su representación en una generación de fotógrafos: Pomés, Miserach, Colom, Terré, Cualladó, Pérez Siquier, Schommer, Dolcet y Sanz Lobato, en los años cincuenta y sesenta, principalmente ceñidos a escuelas o grupos localizados en Madrid y Barcelona.

El afán renovador de todos ellos, con el efluvio de las vanguardias marchitadas por el poso de la Guerra Civil, queda plasmado en un ojo crítico sin excesos pero demoledor en su carga social a través de territorios, especialmente del medio rural, de la vida, costumbres y tradiciones de las gentes de la comarca de Las Hurdes (Cáceres), de Pedro Bernardo (Ávila), Campo de Criptana (Ciudad Real) o Valverde de la Vera (Cáceres).

Cristos articulados, procesiones fúnebres, zahurdas infrahumanas, plazas empedradas, arquitecturas precarias y vidas imposibles fueron retratadas en el medio rural con un enfoque documental, irónico y a veces sazonado con la alegría de quienes sabían que vivían al borde del abismo.

Durante esos años cincuenta y sesenta también anotaron las consecuencias del éxodo rural, las migraciones a las ciudades, el incipiente urbanismo, y el paso de capitales provincianas a urbes que apenas podían asimilar la marea de miles de personas en busca de un mejor pasar lejos de su cultura agropecuaria de origen.

Francisco Ontañón documentó la procesión del Santo Entierro en Bercianos de Aliste (Zamora) y la trashumancia en tierras sorianas; Juan Dolcet fijó la lente en los niños de Las Hurdes, a caballo entre las dos décadas, y rindió su objetivo a los Danzantes y Pecados del Corpus Christi en Camuñas (Toledo), como aquellos viajeros románticos y escritores regeneracionistas de principios de siglo.

Es la época de los relatos gráficos en series, foto-libros o libros ilustrados como los que el sello Lumen ideó en títulos como "Izas, rabizas y colipoterras", de Camilo José Cela con imágenes de Colom; de "Neutral Corner", que Ignacio Aldecoa escribió junto al fotógrafo Ramón Masats; y "Los días iluminados", de Alfonso Grosso al alimón con Francisco Ontañón.

Más de trescientas fotografías en dos salas del Museo Patio Herreriano acogen este muestrario, con la colaboración de PhotoEspaña 2022, entre ellas una representación de quienes como Fontcuberta, Ouka Leele, Luis y Pablo Pérez-Mínguez, Oriola y Campano, fueron enganche en los setenta de una reflexión también documental pero con un ángulo más estético.

Apuestan por la sociología pero también experimentan e investigan dentro de una convicción que más tarde, ya en los ochenta, desarrollarían artistas como Cristina García Rodro, Koldo Chamorro, Fernando Herráez y Cristóbal Hara, hasta desembocar a finales de los ochenta en el potencial personal y creativo de Alberto García-Alix, Javier Vallhonrat o Chema Madoz.

Con matices y personalismos, estilos y enfoques variopintos, "Derivaciones" resume varias generaciones a través de tres décadas "que son indispensables para entender la fotografía tal y como la conocemos", ha explicado el director del Museo Patio Herreriano, Javier Hontoria. EFE

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