EFEValladolid

Además de poeta, dramaturgo y prosista, Federico García Lorca ofició de improvisado etnógrafo con trabajos de campo como el que le puso delante del sentido dramático de la nana o canción de cuna, que ahora el musicólogo Joaquín Díaz ha desentrañado en un libro presentado esta mañana en Madrid.

García Lorca insinuó el fondo de la cuestión cuando entrevió, ya en los primeros arrullos de la madre, "como un aviso, una advertencia de que se nace para morir", sin menoscabo de una felicidad por la llegada al mundo de un nuevo ser, "aunque contenida, a veces triste", por el seguro destino que le aguarda, ha explicado a la Agencia Efe.

"Poética de la nana: entre la cuna y la tumba" (La Huerta Grande Editorial) es el título de ese libro, presentado en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, y que tiene su origen en una conferencia pronunciada hace años por Díaz en Esles de Cayón (Cantabria), dentro del programa cultural Solar de Cotubín.

El poeta granadino oyó cantar a una mujer de un pueblo en las inmediaciones de Granada, mientras dormía a su niño, y pudo constatar de forma directa el "fondo de tristeza" que ya percibió en las canciones de cuna española, común en todas las regiones de España aunque con matices.

"La nana es el puente entre el nacimiento y la muerte, entre el sonido y el silencio", ha apuntado Joaquín Díaz, académico de la de Bellas Artes de San Fernando y que, con el paso de los años, ha llegado a la conclusión de que la música "es una milagrosa vivencia y no una profesión".

El silencio no es la ausencia de sonidos sino uno más en la sabia combinación matemática que, en último término, representa la música, ha añadido durante su intervención.

"Puede ser el misterio de lo nunca pronunciado, la magia de lo inaudito, el lugar encantado donde el pensamiento mora y trabaja, o simplemente una inequívoca forma de expresión cuando las palabras pierden su dimensión y sentido", ha reflexionado.

No es el silencio, por tanto, la negación del sonido o la carencia de vida "sino la discreción en el uso de la misma; no es claudicación ni cobardía, sino fortaleza o resistencia al inútil verbo que se dispara sin avisar como la escopeta de feria", ha añadido.

La música, ha resumido quien ha dedicado su vida al estudio, composición e interpretación, casi siempre a la luz de la cultura tradicional, es "un lenguaje universal de sonidos y silencios" que ayuda a reconocer "las propias emociones y contribuye eficazmente a darles vía, que no solución" hacia algún lugar. EFE