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El trazo más ligero, suelto y libre de los últimos años de Joaquín Sorolla, de camino hacia la abstracción, y el expresionismo más lírico y poético de Esteban Vicente dialogan en la primera exposición conjunta de ambos artistas, que muestra en Segovia las obras que ambos realizaron inspirados por la magia de sus jardines.

"A la luz del jardín. Sorolla-Vicente" muestra en el Museo de Arte Contemporáneo Esteban Vicente de Segovia siete pinturas del artista impresionista valenciano, conocido como "el pintor de la luz", en diálogo con 73 del segoviano que da nombre a la pinacoteca y que pasó la mayor parte de su vida entre Manhattan y Long Island, en Nueva York.

La lectura conjunta de las obras de ambos artistas permite que el público pueda percibir matices que en una observación por separado no se podría apreciar y, además, se despoje de la idea preconcebida que tenía sobre los autores, según ha explicado en declaraciones a Efe la directora-conservadora del museo, Ana Doldán.

"En este caso, lo que se pone en evidencia es que hay como una coincidencia en la quinta esencia de su pensamiento: La luz, el color y las atmósferas son comunes a los dos, en distintas épocas", ha señalado la comisaria de esta muestra, que se inaugura en la tarde de este jueves y estará disponible en el museo hasta el 2 de octubre.

Cuando se trasladó a Estados Unidos en 1936, Esteban Vicente encontró su lugar en la Escuela de Nueva York de expresionismo abstracto americano aunque, según ha precisado Doldán, el segoviano no buscaba "la heroicidad" de colegas suyos como Jackson Pollock, sino que su pintura era más "lírica" y "poética", como también lo era la de Sorolla.

Por otro lado, el valenciano bebía del naturalismo, del luminismo y del impresionismo, pero sus últimas obras, las que realizó entre 1916 y 1919 antes de sufrir una hemiplejía que le dejaría imposibilitado, es de un trazo más experimental y cercano a lo abstracto.

"Me gustaría saber qué hubiera pasado si Sorolla hubiera vivido más años... esas últimas obras son tan ligeras, tan sueltas, tan libres, tan cercanas a un Esteban Vicente, que yo creo que ahí esta el punto de unión", ha reflexionado Doldán.

Ambos artistas, que no se llegaron a conocer, compartieron el interés por la jardinería para construir una fuente prácticamente inagotable de inspiración para sus pinturas, aunque cada uno con su estilo.

Sorolla comenzó a construir su casa en 1910 en el entonces Paseo del Obelisco, hoy Paseo General Martínez Campos, y en ella diseñó un jardín que le sirvió de "escenografía" para poder pintar sin salir de casa.

Lo usaba como decorado para llevar allí a sus modelos y retratarlos o como recurso para, por ejemplo, captar cómo la luz se tamizaba a través de las hojas de un tilo en flor, como se puede ver en una de sus obras expuestas en la muestra que, como casi todas las del autor en la exposición, se titula "Jardín de la Casa Sorolla" (1918-1919).

Por su parte, Esteban Vicente compró junto a su esposa Harriet Godfried en 1964 una gran casa de campo en Long Island (Nueva York), donde desde entonces el matrimonio vivió seis meses al año, cuando no estaba en Manhattan.

Los dos cultivaron allí un jardín colosal, que le serviría al pintor para crear en él la paleta de colores -sobre todo el amarillo, el verde, el blanco y el fucsia- que se pueden ver en sus obras "Tensión" (1987), "Harriet" (1984), o "Bamba" (1991), presentes en la muestra.

De las 73 piezas de Esteban Vicente, 22 pertenecen a este museo y el resto han sido cedidas por diversas instituciones como el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía o el Museo de Bellas Artes de Asturias y, en el caso de las de Joaquín Sorolla, cinco proceden de su museo en Madrid, una de un particular y otra, del Ayuntamiento de Valencia.

En la presentación de la exposición celebrada esta mañana para los medios de comunicación, ha estado presente el presidente de la The Harriet and Esteban Vicente Foundation y amigo de la familia del artista, Andrew Stein.

Ha relatado a los medios que la exposición consigue trasladarle a su infancia, hace cuarenta años, cuando jugaba en el jardín del artista, lugar al que tantos años de su vida y esfuerzo dedicó el matrimonio y que, por ello, él considera una expresión más de su amor.

Según él, en la muestra, el público podrá ver, no solo "la celebración de la genialidad de dos grandes maestros españoles de la pintura", también "la celebración del amor por la vida, por sus vidas".

Al igual que Esteban Vicente en los años treinta, esta exposición viajará hasta el otro lado del charco, o al menos su tesis curatorial, con la que se instalará otra "exposición espejo" en el Parrish Art Museum de Nueva York, que estará disponible entre el 7 de agosto y el 16 de octubre. EFE

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