EFEValladolid

En una celda franquista leyó a Calderón, algunas obras suyas fueron prohibidas y en las boqueadas del régimen José Luis Alonso de Santos fundó la Asociación Teatro Libre con la que se convirtió, a los 33 años, en el primer dramaturgo en estrenar una obra una vez muerto el dictador.

Fue el 15 de diciembre de 1975 en Madrid (Teatro Magallanes) donde estrenó "¡Viva el Duque, nuestro dueño!", primera de las cerca de cuarenta obras que subió al escenario, la próxima ("Mil amaneceres") este jueves en Valladolid, apenas diez días antes de recibir el Premio Max de Honor de las Artes Escénicas por su trayectoria.

"Cuando recoja el premio -siempre piensa uno qué es lo que va decir incluso cuando no te lo dan- daré las gracias a todos lo que han hecho mis obras y trabajado conmigo, porque el autor se lleva los reconocimientos pero detrás suyo hay cientos de profesionales con talento que han puesto entusiasmo, energía y dinero", ha dicho.

A punto de cumplir 80 años de vida, el próximo 23 de agosto, Alonso de Santos mantiene el pulso creativo, una férrea vocación que le impulsa a escribir "porque me gusta y me lo paso bien", se declara "latoso" e inconformista, y aún le ataca la desazón de comprobar la distancia existente entre "el pozo de la imaginación y la realidad escénica", punto de partida y llegada de sus escritos.

"La realidad no tiene el alcance del sueño. Nunca he estado contento ni cuando he hecho yo el montaje de mis obras", ha explicado este narrador, ensayista y dramaturgo que no ha dejado de escribir en seis décadas: "he sido muy afortunado, trabajo en lo que me gusta, con palabras y versos, como un labrador que cada día acude a sus tierras, siembra y recoge cosechas, algunas mejores y otras peores".

El resultado, si no se cruza una mala tormenta que desbarate todo, como le ocurrió durante la dictadura franquista, depende de las circunstancias que han ido marcando épocas, de ahí que "Bajarse al moro" (1985), además de su fulgurante estreno en el cine, "se estudie en numerosas universidades de España y del mundo.. ¿por qué? pues no lo se... yo me sigo levantando a las cinco y media de la mañana", ha puesto como ejemplo.

"Como escribió Gracián, no basta la sustancia sino también la circunstancia", ha abundado en esa teoría de la causalidad donde ha asignado al azar de cada momento un protagonismo especial en el proceso creativo, en su caso con piezas tan reconocidas y de largo recorrido como "La estanquera de Vallecas" (1982) y "Pares y Nines" (1990).

En el principio se encuentra el creador, pero después están los directores, escenógrafos y actores, "que no son sólo transmisores sino también intérpretes" para imprimir una "vida propia" a unas obras "que salen al mundo como los hijos, que uno te sale sacerdote, guerrillero o se hace ingeniero", ha comparado.

"Los creadores tenemos algo de héroes porque nos empeñamos en buscar el diamante en la montaña, pero es que los directores y actores además tienen que hacerlo con pico y pala, recorriendo España en escenarios con luz y sin luz, al aire libre, en una capital o en 'Alpedrete de Arriba', y todo para ayudar a vivir a los que viven allí", ha insistido en su reflexión.

El público, destinatario de todo este proceso, "es mi prójimo, el que me ayuda a vivir, los que me dan, el más cercano, los que respiran conmigo", ha añadido dentro de su catálogo de agradecimientos.

"Mil amaneceres", la versión teatral de su último libro, es de momento el último estreno de José Luis Alonso de Santos, la continuidad en cierto modo de "¡Viva el duque, nuestro dueño!" (1975), su primer eslabón escénico, al que asiste, este jueves y viernes, en el Teatro Calderón de Valladolid, su ciudad natal, EFE

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