EFEValladolid

Las 33 mascaradas que se celebran en seis provincias de Castilla y León, como un conjunto complejo de fiestas en pequeñas comunidades rurales, en las que la máscara define a los personajes que interactúan con otros o el público en distintas escenificaciones, han iniciado su camino para ser un Bien de Interés Cultural (BIC) de la Comunidad, de carácter inmaterial.

El Boletín Oficial de Castilla y León publica hoy la incoación del procedimiento para declarar Bien de Interés Cultural de carácter inmaterial las 33 mascaradas que se celebran actualmente en la Comunidad: 19 en Zamora, 7 en León, dos en Ávila, Soria y Burgos, y una en Palencia.

Según ha explicado la Consejería de Cultura en un comunicado, en este caso "la transmisión oral, la identidad de los miembros de una colectividad, las acciones que se representan, los personajes que intervienen, la indumentaria y objetos utilizados, la música, los sonidos, el espacio en el que se desarrollan, el marco temporal, el protagonismo de la comunidad, la diversidad de símbolos y significados, la pervivencia a lo largo de la historia y la vitalidad actual, hacen de las Mascaradas unas manifestaciones culturales de alto valor patrimonial".

El ámbito territorial en el que se desarrollan estas manifestaciones culturales tiene lugar en las citadas cinco provincias, dentro de un contexto territorial más amplio que incluye otros lugares de la Península Ibérica y otros países europeos, bajo el nombre de los Cucururmachos, El Colacho, la Barrosa, Los Carochos, o la Vaca Bayona, entre otros.

El ámbito espacial de celebración de las mascaradas en cada localidad, son las plazas y las calles a través de las que se realizan los recorridos y representaciones, dando lugar en algunos casos a la entrada de los personajes en los templos parroquiales o ermitas.

En cuanto al marco temporal de celebración de la mayor parte de estas festividades, era originariamente la época invernal, pero en algunos casos su propia evolución natural ha dado lugar a un cambio de fechas, por lo que se incorporan en este reconocimiento cultural las festividades de mascaradas que, con rasgos comunes y características propias, se celebran en distintos momentos.

En concreto las Mascaradas de invierno; Mascaradas de Carnaval; Mascaradas de La Pascua de Resurrección; Mascaradas de la festividad del Corpus Christi y Mascaradas vinculadas con festividades de la Virgen y Santos, además de otras mascaradas de fecha variable vinculadas a distintos rituales.

Se trata de ritos públicos con un carácter benefactor, que propician la abundancia y el renacer de la vida, siempre portadoras de mensajes unificadores e inclusivos, de prosperidad, tolerancia, autoestima, armonía, resolución de conflictos, que suponen un importante refuerzo de la identidad en estos pequeños núcleos rurales, en grave riesgo de desaparición, según ha explicado la Consejería en el comunicado.

La celebración de las mascaradas supone alboroto, ruido, desorden, carreras y persecuciones, gritos, pequeños golpes y acciones amenazantes, relacionadas con un importante conjunto de componentes inmateriales.

"Gran parte del significado simbólico y de la vistosidad de estas celebraciones festivas está vinculado con la variedad de objetos que se utilizan como cauce para expresar o representar una idea, una emoción, una visión o una concepción del entorno natural, del mundo espiritual o de la comunidad social de sus protagonistas", argumenta la resolución del procedimiento para avanzar en la declaración de BIC.

"La máscara receptora del espíritu y energía de los antepasados, es el elemento indispensable y definitorio de estas celebraciones. Detrás de la máscara la persona que la porta desaparece, se transmuta para relacionarse con la divinidad. El recubrimiento del rostro se acompaña de una indumentaria especial a la que se unen diversos objetos simbólicos como cencerros, esquilas y campanillas, matracas, carracas y elementos fustigadores y amenazantes", añade.

Además, esos elementos utilizados en las mascaradas están ligados con el entorno y se han interpretado como elementos propiciadores de la fertilidad o como purificadores, y conforman junto a los gestos, persecuciones o gritos, el ambiente sonoro característico de la celebración.

En algunos casos se ejecutan melodías musicales con instrumentos cercanos, flauta o dulzaina, atabal, tamboril, tambor o bombo; y en las mascaradas intervienen diferentes y distinto número de personajes malignos, que suelen tener una pareja femenina e ir acompañados de personajes secundarios. EFE