EFEValladolid

Un total de setenta grabados del artista renacentista Alberto Durero han sido traídos desde una colección privada en Italia hasta el Museo Pasión de Valladolid para mostrar la obra del renacentista alemán, que contextualiza la época de finales del siglo XV y principios del XVI.

La exposición "Durero. El artista y su tiempo" pretende ilustrar, a través de los setenta grabados que estarán disponibles hasta el 24 de noviembre, la contextualización del entorno social, político y económico del Renacimiento.

Alberto Durero (1471-1528) es uno de los primeros aliados de la Reforma religiosa y el mayor representante del Renacimiento en el norte de Europa; por ello, inició su propia "reforma artística" con tal de apartarse de las convenciones pictóricas de la Edad Media.

En el grabado "Jesús entre los doctores", de 1506, se puede apreciar el cambio artístico que vendría en adelante, llevando las figuras al primer plano y abogando por la armonía de colores y formas, detalles que convirtieron a Durero en uno de los primeros aliados de esa "reforma pictórica propia".

Artista del emperador Maximiliano I de Habsburgo, de quien este año se conmemoran los quinientos años de su muerte, la figura de Durero se consolida como la del actor fundamental en la difusión de la imagen asociada al poder.

"El Gran carro triunfal de Maximiliano I" (1515-1522) ilustra el mayor proyecto de Durero y que ocupa los principales focos de la exposición, compuesta por 137 estampas y que es conocida por ser la segunda mayor iniciativa del emperador para cimentar su fama en el imperio.

La muestra relata, con un marcado carácter pedagógico, las primeras obras del alemán, anteriores al año 1500 hasta su apogeo a principios del siglo XVI, y que tuvieron su reconocimiento en banqueros alemanes, monarquías europeas y en la Iglesia.

En esta colección los grabados están plasmados en madera y cobre, estos últimos permitieron al alemán una mejor reproducción de sus obras.

"La Pasión de Cristo" se erige como otro de los grabados protagonistas al ser uno de los presentes que Durero solía ofrecer como regalo a quienes tenía mayor estima, y una de las obras más apreciadas por el propio Albrecht Dürer. EFE