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Los rodajes de series de éxito televisivo como "El Ministerio del Tiempo" e "Isabel" han refrescado el interés por las riquezas patrimoniales, históricas y espirituales de la Cartuja de Miraflores de Burgos, que actualmente recibe la visita de unas 80.000 personas al año.

La belleza artística del conjunto monacal cartujo, la vida silenciosa que practican los monjes que lo habitan y la variedad de sus trabajos artesanales atraen a los visitantes de esta pieza clave para entender la historia de España.

Las series televisivas, pero también otros proyectos cinematográficos como la película 'La Corona Partida', de la que La Cartuja fue escenario de rodaje, han hecho que muchos vuelvan la mirada hacia el monasterio.

Nos lo dicen aquellos que visitan por primera vez el monumento, ya que en La Cartuja no se pregunta nunca qué motiva sus visitas, han explicado a Efe los responsables de la gestión turística.

El monasterio burgalés está tan de actualidad que incluso se le puede relacionar con el IV Centenario de la muerte de Miguel de Cervantes, que se conmemora este 2016, han recordado.

Y es que el autor la menciona, de manera más o menos velada, en su gran obra 'El Quijote', así que entre unas cosas y otras no es de extrañar que los visitantes lleguen por millares a Burgos.

La mayor parte de las 80.000 personas que se pasan anualmente por La Cartuja tienen origen español, siendo las procedencias más habituales Castilla y León, Madrid, País Vasco y Andalucía.

Si hablamos de turista extranjero, se destaca la presencia de franceses, alemanes e italianos, pero también de estadounidenses, asiáticos e iberoamericanos.

La Cartuja de Miraflores se concibió, en origen, como palacio de recreo para Enrique III, que la mandó construir en 1401, si bien su hijo, Juan II de Castilla, la cedió a la orden cartuja en 1442.

Los monjes fundaron la comunidad de Miraflores y, diez años más tarde, sufrieron un incendio que obligó a restaurar el edificio, para lo que se contó con Juan de Colonia, arquitecto de la Catedral de Burgos.

Isabel II fue una de las grandes benefactoras de La Cartuja, y no solo encargó su retablo mayor, sino que mandó también construir el panteón real en el que descansan sus padres, obra de Gil de Siloé.

Felipe El Hermoso continuó con un protectorado monárquico que vio su fin con la Guerra de la Independencia (1808-1814), cuando La Cartuja fue abandonada por los monjes, que no volvieron hasta 1880.

El monasterio sufrió saqueos, que destruyeron una gran parte de su patrimonio, fue profanado y acabó convertido en cuartel.

La vuelta de los monjes dio lugar a los primeros proyectos de restauración, que se han concatenado hasta la actualidad, con grandes intervenciones como las desarrolladas en la última década.

En 2006 se restauraron las vidrieras y en 2011 se recuperó la portada de acceso y se habilitaron las tres capillas laterales para visita, con una inversión de 4 millones de euros.

Sin embargo, no es solo la riqueza patrimonial de La Cartuja de Miraflores lo que llama la atención al visitante, sino que la vida solitaria de sus monjes cartujos es uno de sus grandes atractivos.

La comunidad cuenta con una veintena de miembros, consagrados a la oración y al trabajo, que siguen fielmente las reglas del silencio y la soledad.

Sin visitas, con una única salida semanal y sin comunicación externa; una vida próxima a la del ermitaño, aunque le salva la relación de comunidad y las horas de esparcimiento personal.

La página web de La Cartuja es el único contacto con el exterior, así como los correos electrónicos con los que se contesta a las preguntas que realizan los usuarios.

Y, por supuesto, no podemos olvidar la salida de los monjes en cada convocatoria electoral, como la que viviremos el 26 de junio, convirtiéndose en una de las curiosidades de la jornada. EFE

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