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Los toros de la ganadería gaditana de Lagunajanda abrirán el 25 de agosto una nueva edición de los tradicionales encierros de Cuéllar (Segovia), declarados de Interés Turístico Internacional y que cada año congregan en la villa a miles de aficionados y visitantes para asistir a este ritual taurino.

Los encierros de Cuéllar, acreditados documentalmente como los más antiguos de España, continuarán el 26 de agosto con toros de los Hermanos Sánchez Herrero que pastan en El Bodón (Salamanca); y el 27 de agosto con novillos de la divisa Toros de La Bubilla, procedentes de Villamanta (Madrid).

El 28 de agosto correrán por las calles de Cuéllar novillos con el hierro de Condessa de Sobral, embarcados en Beja (Portugal) y el 29 de agosto cerrarán el ciclo los novillos de Simón Caminero, herrados en Carrión de los Condes (Palencia).

Todas los astados han sido embarcados desde sus lugares de origen y trasladados hasta sendas fincas donde pastarán y descansarán hasta finales de agosto: Lagunajanda, Condessa de Sobral y La Bubilla en Castronuño (Valladolid), y las reses de Hermanos Sánchez Herrero y de Simón Caminero en la dehesa palentina de este último.

El alcalde de Cuéllar, Carlos Fraile, acompañado de un miembro de la asociación de peñas, ha supervisado personalmente en las fincas de origen las reses elegidas y presenciado su embarque con el fin de garantizar el éxito de una fiesta que, junto a la gastronomía y el arte mudéjar, identifican y proyectan a esta villa segoviana.

La antigüedad de los juegos de toros en Cuéllar se remonta al menos hasta comienzos del siglo XIII, cuando en 1215 la diócesis de Segovia dictó unas normas para regular la moral y costumbres de sus sacerdotes, en especial a los de la zona cuellarana a los que advirtió: "que ningún clérigo juegue a los dados ni asista a juegos de toros".

Las Ordenanzas de la Villa de Cuéllar, fechadas en 1499, son más explícitas respecto a la existencia de los encierros como tal, al regular las compensaciones que debían percibir los agricultores y propietarios de las tierras por donde pasaban los toros y caballistas durante su traslado.

Este traslado se rememora cinco siglos después con unos encierros que comienzan en los pinares junto al río Cega, donde cada mañana son soltados desde unos corrales allí instalados y recorren junto a las monturas un tramo campero de varios kilómetros hasta las calles de la villa, donde toman el relevo decenas de corredores siempre a las 9,30 horas de la mañana.

Esta fiesta, donde las mujeres cobran un protagonismo especial con el emotivo y tradicional baile de la rueda en las mismas calles del encierro, minutos antes de la llegada de los toros, fueron declaradas de Interés Turístico en 1977, de Interés Regional en 199, de Interés Nacional en 2008 y de Interés Internacional en 2018. EFE