EFEValladolid

La alquimia literaria de Mar Sancho ha escogido el traje del verso para abrigar la cadencia vital que le inspiran los viajes en tren, rutas que en muchas ocasiones "no llevan a ninguna parte" y en otras adoptan "formas imposibles hasta lugares donde no habita nadie", ha explicado a la Agencia Efe.

Coleccionista de paisajes humanos y horizontes dispares, Mar Sancho (Valladolid, 1972) ha transformado en poesía el caudal de sensaciones que le han dejado sus periplos por caminos de hierro, hasta culminar en "Entre trenes" (Eolas), el último poemario de una autora distinguida, entre otros, con el Premio Gil de Biedma.

"La premisa es el viaje, que te permite el discernimiento, y no tanto el destino al que hemos de llegar: es como una trasposición de la propia vida", ha reflexionado esta narradora y poetisa que, con este libro, emerge desde que en 2012 varó públicamente con su novela "Leningrado tiene setecientos puentes".

La capacidad de seducción de los trenes ha detonado el ansia creativa de esta escritora que, durante los últimos cuatro años (2015-2019), se ha ocupado de las políticas culturales de la Junta de Castilla y León al frente de una de las direcciones generales de la Consejería de Cultura y Turismo.

El vértigo de la gestión cultural a gran escala no ha empañado la capacidad de creación, tan sólo demorado el impulso, el instante en que comenzó a escribir "poco después de dejar mis responsabilidades en la Consejería", ha analizado sobre los afanes y obstáculos que envuelven a los escritores.

"Durante esos años vas acumulando esa necesidad de escritora y al final experimentas ese estallido", ha detallado.

Trepida la ocupación administrativa al tiempo que se remansan los recuerdos, las evocaciones de viajes que convierten en cuerpo de poesía lo visto, lo vivido y presentido, en su caso "largos viajes en tren de hasta quince días" en continentes tan dispares como el norte y sur de América, y Asia.

"Los trenes de larga distancia son más literarios porque son lentos, a veces con locomotoras históricas, a un ritmo muy reposado a veces como es el de los versos", ha comparado Sancho, que debutó en la poesía con "Lisbon visited" (2000) y es autora también de libros de cuentos como "El perro que fuma" (2002) y "Concierto para hombre solo" (2004).

Sobre cinco itinerarios reposa "Entre trenes": el Amtrak Cascades, el Transiberiano, el Himalayan Railway, el Alaska Denaci Star y el Salta-Socompa que desemboca en la frontera andina entre Argentina y Chile, junto al volcán de Socompa, "en mitad de la nada", ha subrayado.

Desde Machado y su vagón de tercera, 'ligero de equipaje', hasta Neruda con su "puntualidad de un tren descabellado" o el "tren que acaso vuelve" de Luis Rosales, "es innegable que son muy literarios por su concepto de tránsito, son como pequeñas vidas en apenas un recorrido".

Vancouver, Washington, Springfield, Moscú, Jujuy, Vladivostok son algunos de los puntos de partida y de llegada de esos trayectos que recorren territorios, pueblos y ciudades "que no bajas a visitar y solo ves a través de la ventanilla o que te cuentan los pasajeros", ha señalado.

Son continentes, geografías, rostros y costumbres diametralmente opuestos, según los casos, "pero al final existe un poso común que es el de la gente porque, al final, la condición humana siempre es la misma".

El paso del tiempo y los viajes acusan el mismo paralelismo de las vías férreas, la distancia necesaria para reposar el repertorio de sensaciones que absorbe el espíritu creativo, una estrategia que Mar Sancho ha aplicado a este retorno literario, convencida de que "lo esencial es lo que permanece en la memoria y conmueve". EFE