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Una trotamundos inglesa que montó su bodega en los Arribes del Duero, una artista dedicada desde hace 25 años a la pintura en seda o una quesera obligada por las circunstancias de la vida a ponerse al frente del negocio familiar son algunos ejemplos de emprendimiento femenino en la 'España vaciada'.

Pero hay más, como el caso de una agricultora que dirige una asociación autonómica de mujeres rurales o de una cocinera y hostelera con décadas de trayectoria a la que la televisión ha encumbrado a punto de cumplir los ochenta años, todos ellos referentes que se han visibilizado este jueves por la tarde una jornada promovida por Cruz Roja de Zamora.

La segunda mesa redonda de "Emprendimiento Femenino en la España Vaciada", organizada por la entidad de ayuda humanitaria a través de su programa "Puentes hacia el empleo, itinerarios por la igualdad" ha servido de altavoz a iniciativas empresariales de éxito que tienen en común el tener a una mujer al frente y ubicarse en zonas azotadas por la despoblación.

La jornada, que ha contado con la presencia de la directora general de Juventud de la Junta de Castilla y León, Estela López, ha tenido como protagonista con mayor experiencia a la cocinera Aurelia Matellán, que, a punto de cumplir los ochenta años, ha tenido que esperar más de 50 de trabajo sin ningún reconocimiento para lograr hacerse casi famosa gracias al programa de Televisión Española Master Chef.

Aurelia Matellán ha admitido a Efe que ahora se emociona y llora cuando llega un grupo grande de comensales a su restaurante del municipio zamorano de Villaralbo solo por verla a ella.

Otro ejemplo de emprendimiento es el de la inglesa Charlotte Allen, que hace quince años, tras haber pasado por viñedos de Francia, Sudáfrica o Italia, recaló en Fermoselle (Zamora) para crear su propia bodega, AlmaRoja.

Ha reconocido a Efe que, salvo por las conexiones, apenas ha encontrado dificultades por emprender en una zona rural despoblada de la raya hispanolusa.

Otra cuestión son los escollos por ser mujer en un mundo como el vitivinícola que tradicionalmente fue masculino.

De hecho, se ha encontrado a hombres de cierta edad que sin ningún fundamento técnico intentan decirle cómo tiene que hacer su trabajo y todavía en 2022 hay gente que le pregunta por su marido y se sorprende cuando le dice que no tiene y que es ella la que coge el tractor y hace el trabajo en la viña.

En circunstancias bien distintas asumió la dirección de su negocio agroalimentario en el medio rural María Luis García Valbuena, de lácteas Zamoro, que tras fallecer su marido tuvo que hacerse cargo de la quesería familiar de Santibáñez de Vidriales.

En su caso, todo ha sido respeto y acogida hacia ella entre los 25 trabajadores de su quesería y no ha notado especiales dificultades como mujer emprendedora en el medio rural y, aunque no estaba preparada para asumir las riendas del negocio, sus carencias las ha suplido con su pasión de continuar el negocio de su marido y dejárselo encarrilado a sus hijos.

Otras historias de emprendimiento las han narrado la pintora Ana Zaragozá, que diseña pañuelos, paraguas y, tras la pandemia, mascarillas pintadas a mano o la agricultura Ana Benito Zúñiga, que está al frente en Castilla y León de la Confederación de Asociaciones de Mujeres del Medio Rural (Ceres).

Todas ellas han defendido que, pese a las dificultades, la España Vaciada, también puede ser tierra de oportunidades y de que, con tesón y esfuerzo, el emprendimiento femenino también es un camino de lucha contra la despoblación. EFE