EFELeón

El programa 'Ìcaro-Alocohol', incluido en el VII Plan Regional sobre Drogas 2017-2021, se extenderá a la red de Unidades Móviles de Emergencias (UMEs) rurales y a los Puntos de Atención Continuada (PACs), según han avanzado a Efe fuentes de la Consejería de Sanidad de Castilla y León.

En este sentido, el proyecto, que nació para proporcionar nuevos apoyos a los menores atendidos en urgencias o por emergencias extrahospitalarias por abuso de alcohol, establece un nuevo curso de "formación de formadores" el próximo octubre.

Una actividad que, al margen de las UMEs rurales y los PACs, llevará aparejada la incorporación de las unidades pendientes.

Se trata en concreto de los hospitales burgaleses 'Santiago apóstol', de Miranda de Ebro, y 'Santos Reyes', de Aranda de Duero, así como el de Medina del Campo (Valladolid).

Con ello, según han precisado dichas fuentes, "se completará su implantación el conjunto castellanoleonés".

La iniciativa, puesta en marcha de forma conjunta por las Consejerías de Familia e Igualdad de Oportunidades y Sanidad en colaboración con entidades del tercer sector, se extiende así a los hospitales comarcales y a todas las UMEs de la Comunidad.

Hasta la fecha, solo las ambulancias medicalizadas de las capitales de provincia, así como las de Arenas de San Pedro (Ávila) y Cervera de Pisuerga (Palencia), formaban parte del programa.

Los datos facilitados por el Servicio de Evaluación y Prevención del Consumo de Drogas de la Junta de Castilla y León han registrado durante los cuatro primeros meses de este año 46 adolescentes atendidos por unas intoxicaciones etílicas que se concentran los fines de semana.

Diez de ellos eran menores de 14 años, mientras que una quincena tenía entre 14 y 15 años y 21 entre 16 y 17.

Tras una intervención motivacional, el 78,3 por ciento, hasta 36, han acudido a un servicio especializado para su atención tras una ingesta masiva de alcohol que, en no pocos casos, aparece asociada a sustancias estupefacientes como el cannabis, la cocaína, las anfetaminas y el MDMA.

A medida que el consumo de alcohol aumenta, se van sucediendo varias etapas. En la hipnótica o de confusión, el cerebro del afectado trata de mantener el orden sin éxito, los reflejos se reducen y las alteraciones en el habla son más que evidentes.

Unos síntomas que suelen ir acompañados de la pérdida del equilibrio, que se evidencia en el tambaleo, así como de una merma de la capacidad visual y auditiva.

Con tres o más gramos por litro de sangre, la situación se torna crítica ante la incapacidad del cuerpo para neutralizar lo ingerido. Así, en la fase anestésica o de estupor la diversión se devuelve o se vuelve en contra, lo que representa que el temido coma etílico entra en escena.

Las estadísticas del Ministerio de Sanidad exponen que la media de edad en el inicio al alcohol es de 13,8 años en la Comunidad y que un 12,8 por ciento de estudiantes de Secundaria confiesa que bebe todos los fines de semana.

Además, hasta el 36,1 por ciento reconoce haber participado en el denominado consumo por atracón. EFE

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