EFERoberto Jiménez Valladolid

Licenciada en Filología Francesa y profesora jubilada de instituto, el carnet de identidad de Elisa Delibes de Castro pone que es hija de Miguel Delibes, una esencia que prevalece en su corazón por encima de la condición de escritor de fama y prestigio universal: "era mi papá y le echo de menos".

Elisa ha vivido toda su vida junto a Miguel Delibes en el domicilio familiar hasta el fallecimiento, en 2010, de un escritor de quien "más que el estilo, los protagonistas de sus libros y la estructura de sus novelas" ha destacado su figura paterna: "soy su hija, era mi papá y le echo de menos, fue un buen padre, nada más", ha explicado este jueves en una entrevista con la Agencia Efe.

Desde 2011 es presidenta de la Fundación Miguel Delibes, entidad encargada de custodiar el legado literario y personal del novelista, y de divulgar sus principales valores a través de actividades sociales, culturales, educativas y académicas como las que este 2020 conmemoran el centenario de su nacimiento, que se cumple el 17 de octubre.

"Marchan muy bien teniendo en cuenta el año de coronavirus porque hemos podido inaugurar la exposición de la Biblioteca Nacional y celebrado mesas redondas, conferencias, coloquios y presentaciones en colegios, institutos y universidades, también en el extranjero con el Instituto Cervantes", ha manifestado.

Elisa ocupa el cuarto lugar de los siete hijos que tuvieron Miguel Delibes y Ángeles de Castro, la mujer que alienta detrás de la "Señora de rojo sobre fondo gris" (1991) con que el narrador saldó una deuda literaria de afecto casi veinte años después de su fallecimiento y que tuvo un protagonismo esencial en su vida.

"Desempeñó un papel fundamental, el máximo en la vida de un hombre porque ella no era una mujer depresiva, era alegre, sabía llevarle fenomenal; pero lo que realmente le quitó de encima fueron los aspectos prácticos de la vida: ella sabía cuándo teníamos que vacunarnos o matricularnos en el colegio", ha rememorado.

Pero lo que no comparte, en cualquier caso, "es ese afán que hay ahora de que si no hubiera sido por mi madre él no hubiera podido escribir, yo no lo creo", ha precisado en referencia al papel de madre y esposa que allanó el camino a un hombre al que la Escuela de Comercio, El Norte de Castilla, la literatura absorbían en su faceta de profesor, periodista y escritor respectivamente.

"Mi madre le acompañaba a todos los actos, como literato o como hombre, al cine y a teatro. Era una pareja bien avenida. Cuando se conocieron ella tenía 16 años y mi padre 18... ¡Alguno habría leído más que el otro! Pero tenía más mérito mi madre porque procedía de una familia del medio rural", ha apostillado ahora sobre las lecturas que Ángeles le sugería cuando eran novios y se cambiaba libros.

Le recuerda como un padre "severo, recto, justo, riguroso y afable", pero sobre todo un hombre muy ocupado que repartía su tiempo en numerosas ocupaciones "que le quitaban mucho tiempo para sus hijos, entre los que me cuento; luego, cuando llegaron los tres pequeños le hicieron muchísima gracia y descubrió en la niñez una faceta que le apasionaba".

"Malamente podía compaginar todo. Ahora pienso que solo le veía escribir los veranos en la casa de Sedano (Burgos), cuando yo tenía ocho años. Imagino que también lo haría cuando nosotros estábamos en el colegio, a primera hora de la mañana y de la tarde o a última de la noche cuando nos metíamos en la cama", ha evocado.

Cuando se jubiló, "él tenía 65 años y yo 35, y lo deseaba para dedicarse totalmente a escribir, y ahí sí que le vi hacerlo durante muchas horas", ha agregado Elisa, que en 1972 le dio una satisfacción a su progenitor cuando eligió los estudios de Filología Francesa, como un rebrote de la rama que abrió el abuelo paterno del narrador, Federico Delibes Roux, nacido en Toulouse (Francia).

Miguel Delibes fue muy pudoroso con su vida privada y declinó el ofrecimiento de testamento literario que le ofreció el Instituto Cervantes, como a todos los premiados con máximo galardón de las letras hispanas, "porque siempre dijo que lo que no había dicho en vida no iba a hacerlo después de muerto", ha comentado Elisa.

Como hija, pero también como filóloga y profesora de instituto, las preferencias de Elisa Delibes sobre la obra de su padre han evolucionado desde la ternura que le inspiró la lectura de "Los santos inocentes" (1981), y que le marcó de una manera especial cuando coincidió con un de sus maternidades, hasta el impacto que le causó "Las guerras de nuestros antepasados" (1975), ha concluido. EFE