EFELeón

Un total de 12.348 viviendas ubicadas en Castilla y León cuentan con la certificación energética G, que identifica a los edificios menos eficientes, según los datos facilitados a Efe por la Consejería de Economía y Hacienda.

Por provincias, León se sitúa a la cabeza con 2.538 viviendas con nivel G, es decir, con inmuebles con deficientes condiciones de aislamiento, así como sistemas de calefacción y refrigeración, agua caliente y ventilación mejorables.

Por detrás están Salamanca (2.074), Valladolid (2.033), Burgos (1.932), Ávila (1.039), Palencia (891), Segovia (859), Zamora (626) y Soria (356).

Se trata del 11,7 por ciento del total de inmuebles con una etiqueta similar a la de los electrodomésticos que, al amparo de una normativa europea que entró en vigor en el año 2013, es obligatoria para las viviendas que se ponen en alquiler, o en venta, así como para todas aquellas de nueva construcción.

Las estadísticas ponen de relieve que un total de 105.416 inmuebles tienen este adhesivo que se basa en el consumo de energía (kg/CO2) y las emisiones (kWh/m2) de un año: 96.764 de uso residencial y 8.652 de uso terciario.

Una cifra muy reducida en relación con el total de parque de viviendas que hay en la Comunidad, que roza lo 1,75 millones.

En concreto, seis de cada diez viviendas -63.527- tienen una eficiencia energética de tipo E, el tercer nivel más bajo de los siete que se establecen en la clasificación, siendo el A el mejor y el G el peor.

Así, tan solo 1.981 construcciones, a penas un dos por ciento, cuentan con la máxima calificación. De ellas, 450 están en la provincia de Valladolid. Le sigue Salamanca (326), Segovia (283), León (231), Burgos (214), Soria (211), Palencia (180), Zamora (84) y Ávila (45).

En este sentido, la puntuación obtenida depende del aislamiento del inmueble, su orientación, la luz o los sistemas de generación de energía empleados.

A ellas se suman otras 1.662 con etiqueta B, 5.229 con C, 15.005 con D y 5.664 con F.

Este documento de identidad de una casa en lo referente a energía sirve para informar a futuros arrendatarios o inquilinos de los gastos a los que se enfrentarán, energéticamente hablando, además de afectar al precio del inmueble.

Y es que las facturas en calefacción y agua caliente de las viviendas G doblan la media y se sitúan por encima de los 1.500 euros anuales.

Casi la mitad de la energía que gastan las familias españolas está destinada a calentar y refrigerar sus hogares, según el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE).

Sustituir unas ventanas con vidrio simple por otras con doble capa y rotura de puente térmico es una medida muy efectiva para mejorar la eficiencia de un inmueble.

Del mismo modo, las calderas antiguas consumen mucha energía para calentar los mismos litros de agua que una nueva. EFE

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