EFESoria

El municipio soriano de Almazán ha recuperado este martes, en la festividad de San Pascual Bailón, su fiesta de los zarrones, una tradición declarada de Interés Turístico Regional y que la pandemia de covid suspendió tras más de doscientos años de trayectoria ininterrumpida, a pesar de los diferentes avatares de la historia.

El ritual, de origen pastoril, gira en torno a tres personajes burlescos y estrafalarios, encarnados este año por Mario, Álvaro y Arturo, en una edición que ha congregado a vecinos y visitantes en su recorrido por las calles de la localidad adnamantina para presenciar sus carreras y los "zambombazos" que dan a los jóvenes más atrevidos que se agachan para recoger los caramelos que les arrojan.

En declaraciones a EFE, Mario Salváchua, uno de los zarrones, ha resaltado las ganas que tenían de volver a protagonizar esta fiesta: "Tenemos mucha tradición y mucho sentimiento por la fiesta, por San Pascual y la cofradía. En nuestro caso, ha ido pasando de abuelos a padres y a nietos. Somos cuarta generación. Mis pequeños ya van vestidos también de zarrones", ha recalcado.

Salváchua ha apuntado que su abuelo fue uno de los últimos pastores en activo en Almazán, localidad que también ha sufrido en sus carnes la transformación de la economía, en el que la ganadería tiene actualmente poco peso.

El presidente de la cofradía de San Pascual Bailón, Andrés Esteban, ha explicado a EFE que dos años de espera para volver a celebrar esta tradición se ha hecho "un poco larga" y el regreso se ha hecho con más ganas.

De la cofradía de San Pascual Bailón, que tiene actualmente 1.800 socios, pueden ser todas las personas interesadas, con la única condición de abonar treinta céntimos al año e inscribirse el 18 de julio.

Los promotores de esta cofradía, hace más de doscientos años, fueron pastores.

La función original de los zarrones era controlar a los jóvenes que molestaban a los cofrades en la procesión en honor a este santo zaragozano (1540-1592), que fue pastor desde los siete años y que vistió el hábito franciscano en su juventud.

Los zarrones representan a los pastores que cuidan el rebaño, representado por los danzantes, y visten recordando a los antiguos pastores de la zona, con zamarra de piel, zahones o calzones de cuero marrón, polaínas y albarcas.

Un sombrero ancho cubre su cabeza, tocado con plumas de buitre o águila y rabos de zorro colgando por la parte posterior.

En la mano llevan una zambomba o garrote unido por una cuerda a una funda alargada de lona o de cuero rellena de lana y portan también una colodra -cuerno de buey con tapadera de plata- en la que conservan la soparra, pan remojado en vino con azúcar y canela.

Los zarrones, voluntarios de la Cofradía de San Pascual, han retomado este martes las carreras persiguiendo a los jóvenes y pegándoles con sus zambombas, uno de los momentos más esperados durante el año en Almazán de esta fiesta declarada de interés turístico regional en el año 2000.

Todos ellos lucen barba recordando la figura del pastor que se afeitaba cuando llegaba a sus casas, después de largas temporadas fuera de ella. EFE

1010772

jch/orv

(foto)