EFEValladolid

Durante los últimos ocho años este "herreriano y herrerista" ha sido el rostro de la Sanidad de Castilla y León, y a punto de colgar la bata de consejero, Antonio Sáez confiesa que se va orgulloso de "no haber roto casi nada", en unos años de crisis acusada, y de la eclosión de las redes de oncología o cardiología, y como espinita le quedan sus unidades de gestión clínica.

Sáez Aguado, (Palencia, 1955) licenciado en Medicina y Cirugía, llegó a la Consejería de Sanidad de la mano del presidente de la Junta, Juan Vicente Herrera, y de su mano se va, defensor de que con ocho años son suficientes para evitar inercias y que entre aire nuevo, reflexiona en una entrevista con la Agencia Efe.

Tras su siempre tono pausado se esconde el consejero al que de largo más veces le han pedido que dimita en estos ocho años, tanto desde la oposición como desde las multitudinarias mareas blancas que la sanidad ha sacado a la calle en estos últimos años, aunque asevera que nunca se le pasó por la cabeza tirar la toalla, eso lo deja para la cesta de la ropa, ironiza sin cambiar el gesto.

En estos años se ha topado con algunas "banderas" al frente de las protestas y críticas que son realistas, ya que "la sanidad tiene problemas tras superar una crisis importante y un problema, que es nacional, de crisis de profesionales", pero con muchas otras "exageradas", que hay que contrastar con los datos y el sentir de los usuarios, que es "razonablemente bueno, y eso es lo más importante".

Para Sáez, ese uso de la sanidad como elemento central de los debates políticos y partidistas se debe a que es un sistema universal y muy sensible para los ciudadano. Él también hubiera participado en una manifestación en defensa de la sanidad pública o contra la privatización, que aunque no la hay, esta última, se plantea como "un peligro con el que es muy fácil inquietar".

Si la incertidumbre electoral no lo alarga demasiado, en unos pocos meses saldrá de la vida política para incorporarse a su plaza de funcionario tras ocho años de los que se siente orgulloso de "una cuestión general que es no haber roto casi nada" y haber mantenido "el núcleo esencial de la sanidad en unos años de crisis muy acusada".

No se ha cerrado ningún centro de salud, se han mantenido las plantillas, ha habido mejoras organizativas y de prestaciones de salud pública y hospitalarias, con el mayor presupuesto, el actual, en la historia de la sanidad regional, enumera.

"Ha habido una eclosión de algunas redes de servicios" como en cardiología o oncología, "fundamentales para el desarrollo de la sanidad y con resultados excelentes".

No todo ha sido tan maravilloso, y como principal "piedra" reconoce no haber superado la "rigidez" en el funcionamiento y organización de la sanidad, que tiene inercias positivas, como que "las cosas funcionan a pesar del consejero", pero sus posibilidades de cambio y transformación "son muy lentas".

Sáez se refiere en este punto a las unidades de gestión clínica, un elemento de cambio que decidió paralizar ante el "debate exagerado" que generó, que le hizo ver que no era oportuno "seguir insistiendo" en ello. "Tampoco hay que ponerse cabezón con las cosas" si hay un sector en contra, zanja.

Ocho años dan para mucho, como el hospital de Burgos, hecho con el modelo de concesión y que derivó en una comisión de investigación en las Cortes. Sáez defiende que sin ese modelo hoy no habría hospital o acabaría de abrirse y dice que nunca ha dicho que se opusiera al rescate de la concesión. Otra cosa es su coste, que no debe tener impacto para la hacienda pública, en la línea de lo aprobado por el Parlamento, lo que no está garantizado.

Ningún inmigrante sin papeles se ha quedado sin atender en la Comunidad y el número de pacientes que han dejado los tratamientos por falta de medios ha sido "muy limitado", el 1,3% frente al 3 por ciento nacional, según el último barómetro del Ministerio. Eso sí antes no se preguntaba por esto, advierte sobre otros temas que en su día generaron debate.

El consejero de Sanidad, en la línea herreriana, no está de acuerdo tampoco con las voces que hablan de devolver competencias como la sanidad al Estado. Es un servicio, junto a la educación y los servicios sociales, que justifican una autonomía y sería volver al modelo INSALUD, sin apenas médicos rurales y centros de salud sólo en las capitales y algún municipio importante.

Ahora hay 170 centros de salud rurales y 3.600 consultorios locales, el 36% de los nacionales, otra peculiariedad que hace más visible lo que ocurre en la sanidad regional, aunque en Castilla y León prácticamente no ha habido huelgas por parte de los sanitarios, como sí ha ocurrido en Cataluña, Andalucía, País Vasco, Galicia o Navarra, analiza.

A punto de dejar la bata de consejero, defiende que aunque el "estilo" del que le sustituya pueda ser importante, lo es más, a la hora de garantizar una sanidad que responda a los retos del envejecimiento y la cronicidad, que el Gobierno le dé el mismo impulso que con Herrera, con quien tiene el 43 por ciento de los recursos de todas las Consejerías.

Eso y la consabida mejora de la financiación sanitaria que permita que el modelo sea sostenible: esto es, un diez por ciento más que añadir a los 3.700 millones de gasto anual que tiene la Sanidad regional. Otra cosa es la suficiencia dinámica para hacer frente a la innovación, tecnología y los nuevos medicamentos que curan pero son muy caros. Ya están ahí y hay que incorporarlos sin tensionar a las autonomías, advierte.EFE

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