EFELaura López Segovia

La compañía catalana La Ortiga, que debuta este año en el Festival Internacional de Títeres de Segovia (Titirimundi), pretende explicar a los niños de forma didáctica la crisis de refugiados y que los adultos conecten emocionalmente con este problema social a través de la empatía.

Su director, Guillem Geronés (Gerona, 1987), ha explicado en una entrevista con Efe que "Kumulunimbu" es, a priori, "un cuento para niños", pero que puede hacer a los adultos conectar emocionalmente con la problemática social de la que habla implícitamente, la de la inmigración forzada.

"A menudo te llega mucha información y datos como 'cuarenta personas han muerto en el Mediterráneo' o 'se han quemado 20.000 hectáreas de un bosque' y tú no consigues empatizar con los datos, porque son fríos, no lo puedes llevar a la emoción, ni crear una conciencia", plantea el actor.

Este es el punto de partida de creación de esta compañía catalana creada en 2016 por Geronés, junto al actor barcelonés Marc Tellés y la andorrana Ingrid Codina, equipo al que más tarde se uniría Sergi Palacios, también de la provincia de Barcelona.

Durante esta semana, estos artistas interpretarán para lo segovianos un total de cinco pases de "Kumulunimbu", una historia de amistad entre una niña y una nube que la visita cada día para darle agua con el que regar sus plantas.

El conflicto de la trama comienza cuando, un día, la nube no acude a su cita y la protagonista decide ir en su búsqueda. Tras un arduo camino a través del mar y el desierto, la niña llega a una gran valla, donde la nube está enganchada mientras es usada por un malvado gigante para crear agua embotellada y venderla.

Este es el planteamiento de lo que, a priori, es un cuento para niños, pero que en realidad habla a través de la metáfora de la explotación de recursos naturales y de crisis de refugiados para hacer empatizar al público con el drama del inmigrante.

"Es muy importante, más en estos tiempos, para entender que nadie se pone en un bote en el Mediterráneo por gusto o por placer, y que si se lo juegan todo es porque el sitio en el que viven en mucho más peligroso, y es lo que haríamos cualquier persona, yo creo", relata Guillém Geronés, quien escribió la obra.

En este juego de simbolismos, el autor explica que el gigante malvado sería "el poder, el consumo agresivo que mira a la naturaleza como un almacén de recursos a explotar".

La lectura un poco más madura que de esta obra pueden hacer los adultos adquiere su máxima expresión en Titirimundi, donde los espectáculos son frecuentados por un público de mayor edad: "En la función de ayer, el ochenta por ciento eran adultos y eso es algo que no ves en ningún otro lugar del mundo", atestigua el actor.

Pero el público infantil también es un pilar fundamental de este espectáculo: "Ellos ven un cuento, entienden el hecho de una persona que se va, pero no lo ponen una etiqueta, sólo ven a una persona que se tiene que ir porque le han robado algo", expone Geronés.

Sin embargo, según la experiencia de esta compañía, siempre suele quedar un poso de reflexión también en los más pequeños, que puede convertirse en el germen de un importante debate.

La Ortiga ha llevado esta obra anteriormente a escuelas de Francia y Portugal, donde va acompañada de un dossier didáctico que incluye materiales para hacer entender a los niños "una cosa tan bestia como la migración", que "no se puede esconder porque forma parte de nuestra realidad", opina Geronés.

Esta compañía tiene entre sus valores la búsqueda de la transformación social, a través también de la creación de una conciencia ecológica en su público mediante, por ejemplo, la confección de su escenografía, formada toda con material reciclado.

También con otras acciones como una campaña más reciente que llevan a cabo, en la que instala una carpa en un espacio natural rural para llevar a cabo espectáculos y también talleres para invitar a los habitantes del lugar a recomponer el territorio con, por ejemplo, la reforestación o la limpieza de los ríos. EFE