EFEValladolid

Un libro de relatos frustrado alumbró sobre la marcha un documental ("Aún bendicen los campos") que su autora, Vera Herrero, presentará en la 64ª Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci) para demostrar que hay tiempo de ayudar a quienes aún habitan, alientan y dan sentido a los pueblos.

"Me da un poco de rabia que todo el movimiento de la España Vaciada se quede solo en la reivindicación, que no se centre en ayudar de forma efectiva porque hay muchas formas de colaborar no tanto con protestas sino también con propuestas", ha explicado la escritora y periodista Vera Herrero (Madrid, 1972) a la Agencia Efe.

La carencia de una conexión de wi-fi universal y de garantías mutila el futuro de los pueblos, contribuye a la despoblación como una nueva variedad de "desigualdad social" porque impide el estudio a distancia e incluso la promoción de negocios que pueden retener y atraer, en su caso, a nuevos moradores, ha puesto como ejemplo.

La comarca de Tierras Altas, en el norte de la Soria limítrofe con La Rioja, es el escenario de esta "emocionante visión humana y poética" para la que esta licenciada en Periodismo y Filosofía, especializada en Cristianismo Primitivo, ha elegido como improvisados actores a los últimos habitantes de Fuentebella, Valdenegrillos, Acrijos o Lería.

Son algunos de la treintena de pueblos que durante los últimos años ha visitado Herrero para su estreno como directora de cine, al principio para inventariar iglesias incluidas en la Lista Roja de Hispania Nostra (patrimonio en riesgo inminente de desaparición), más tarde para un libro de relatos y finalmente para un documental que proyectará el 25 de octubre en la Seminci dentro del ciclo Castilla y León en Largo.

En vez de optar por una "visión maniquea" de la despoblación, "la tristeza, el horror y el abandono", la realizadora decidió apostar por una visión "más optimista, de esperanza" y ceder el protagonismo a quienes no pudieron o no quisieron marcharse del lugar donde nacieron y encuentran un sentido a sus vidas.

"Queríamos ayudar y que nos ayuden a hacerlo", ha añadido Herrero acerca de un proyecto "muy personal, de bajo presupuesto, sin promoción ni ayuda institucional, levantado con nuestro propio dinero, por amor al arte", ha apuntado.

Una antigua maestra y un pastor que fue de las Tierras Altas sorianas, de antiguas trashumancias, son actores improvisados que protagonizan sus propias vidas delante de la cámara con evocaciones sobre oficios, costumbres, tradiciones y paisajes, un patrimonio que "aún con todo en contra, siguen luchando" y se niegan a dilapidar con un portazo.

"Del éxodo de los años cincuenta y sesenta hemos hablado mucho, pero muy poco del dolor que sentía el último que se marchaba", en este caso en Tierras Altas, donde una acelerada reforestación con pinos enterró la trashumancia ganadera en la zona y aceleró el declive demográfico.

Vera Herrero asistió con miedo al principio y luego sorpresa al descubrimiento de una realidad que no sospechaba: pueblos enormes y prácticamente deshabitados con hebras de vida enredadas en algunas casas a través de los últimos renuentes al éxodo.

La fotografía del documental se detiene también en pequeñas "cápsulas del tiempo" como ella denomina a las casas sin moradores pero aún con su ajuar doméstico, loceros, alacenas, camas de hierro, colchones de lana desvencijados, espejos sin azogue, cacharros desportillados, ropa tendida, zapatos momificados y chimeneas con ceniza, todo sin desmantelar como anhelo de regreso.

"Aún bendicen los campos" remite a la esperanza, a algo sin finiquitar, una invitación a la esperanza que Vera Herrero ha realizado con el apoyo de profesionales de la cinematografía como Paco Belda (Fotografía), Cristina Otero (Montaje) y Arturo Cardelús (Música). EFE