EFEAranda de Duero (Burgos)

Ha sido el comentario generalizado en la ciudad desde que comenzó oficialmente su aislamiento. Aranda de Duero, una ciudad dinámica, llena de vida y con la población multiplicada por tres este mes de agosto por la llegada de veraneantes a los pueblos permanece con una mínima circulación de vehículos y viandantes, las terrazas a medio gas y seriedad en los gestos de los pocos paseantes.

La orden de confinamiento que se aplica desde ayer ha caído como un mazazo en la población. Se esperaba por las informaciones sobre el incremento de positivos en coronavirus, pero hasta que no se confirmó casi nadie se lo quería creer.

Los que pudieron aprovecharon las últimas horas de la tarde del jueves para salir del municipio hacia sus segundas residencias. Cuestión que ha sido criticada en algunos municipios de alrededor, donde se oía comentar a los vecinos que con esas actitudes se iba a extender el virus al resto de la comarca.

Los que se han quedado han salido a hacer sus compras, pasear e incluso a tomar algo en las terrazas. Pero la gran mayoría de éstas aparecían mucho más vacías que los días anteriores.

Aunque los polideportivos municipales van a permanecer cerrados, al igual que la sala de lectura de la biblioteca municipal y se han suspendido las sesiones de cine al aire libre para los días 11, 18 y 25 de agosto, las piscinas municipales sí van a estar abiertas.

"Son recintos que están al aire libre y parcelados respetando la distancia de seguridad por lo que consideramos que no son un riesgo para la salud", ha explicado el concejal de Seguridad Ciudadana, Fernando Chico.

Su concejalía coordina el dispositivo de control de movilidad de la ciudadanía con la Policía Local, donde se han incrementado turnos, la Policía Nacional, que contará con el apoyo de efectivos de Burgos y la Guardia Civil.

No obstante, Chico ha considerado que el mero hecho del anuncio del confinamiento ya ha disuadido a la población de salir a la calle. "Hoy está más tranquila de lo habitual la ciudad, no hay gente ni vehículos".

El concejal ha insistido en que el operativo de control de la movilidad no busca tanto la multa como que la población actúe con responsabilidad.

Pero Aranda además echa de menos la visita de numerosos vecinos de los pueblos colindantes, habituados a dirigirse a la ciudad los viernes y los sábados a hacer la compra semanal.

Las limitaciones de movilidad tampoco han sido bien aceptadas en los pueblos de la Ribera, muchos de los cuales apenas tienen servicios y tienen limitado el acceso al comercio electrónico por ser mayores.

La medida también afecta este sábado al mercado callejero, limitado al 75 por ciento de los puestos, según ha explicado la alcaldesa de la ciudad, Raquel González, y con una menor afluencia de compradores, ya sea porque provenían de poblaciones vecinas o por el miedo a los contagios.

Además de las medidas habituales de distancia de seguridad, mascarilla y espacios fijos de entrada y salida, el mercadillo estrena seguridad privada, "un servicio que estábamos persiguiendo desde hace tiempo", ha asegurado la alcaldesa.

Los asadores de lechazo, uno de los reclamos para los visitantes de Aranda, han comenzado a echar el cierre ya que su clientela es en un 90% forastera.

"Llevo toda la mañana al teléfono anulando reservas que me habían hecho clientes, porque si nos han cerrado la ciudad no van a poder venir y yo voy a cerrar el local de momento", comentaba a EFE Rafa Miquel, propietario del asador Casa Florencio.

No ha sido el único caso. Otros restaurantes y bares o cafeterías han hecho lo mismo. Algunos han aprovechado para dar unas vacaciones repentinas al personal.

"Un año más Aranda en los telediarios en agosto...", reflexionaba con ironía en su perfil de Facebook Javier Ajenjo, director del festival Sonorama Ribera.EFE

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