EFECiudad Rodrigo (Salamanca)

En los regatos, arroyos e incluso cunetas por las que discurre el agua limpia y cristalina nace el regajo ('montia fontana'), una hierba acuática y tierna que antaño alimentaba a los pastores y ahora se ha convertido en una ensalada de las más preciadas y caras de los restaurantes.

Es típica de La Raya salmantina (frontera con Portugal), aunque también se puede recolectar en Ávila, el norte de Cáceres y oeste de Zamora, donde en cada demarcación recibe un nombre.

En el Campo Charro la llaman maruja, en Las Hurdes (Cáceres) se la conoce como moruja, en la comarca del Campo de Argañán su nombre común es el de regajo y en otros puntos de la Sierra de Francia sus habitantes la denominan linillo o pamplina.

Su sabor es inconfundible, es rica en vitamina C, posee tallos muy tiernos y hojas de menos de un centímetro, y suele brotar en la primavera, sobre todo en el mes de abril.

Sin embargo, en algunos puntos más calurosos de la provincia de Salamanca, como en los pueblos fronterizos del Campo de Argañán, casos de Fuentes de Oñoro, Aldea del Obispo o La Alameda de Gardón, el regajo se puede recolectar en pleno invierno, escondido entre los arroyos de las dehesas, en zonas berroqueñas donde apenas existe actividad ganadera debido al éxodo poblacional.

Para su recolección, es imprescindible que allí donde haya nacido no hayan pastado ni abrevado los animales, ya que podría estar contaminada por sus heces, de ahí que sea muy difícil localizar este vegetal comestible, ideal para una ensalada aliñada con aceite, vinagre, ajo y sal.

Antiguamente, la moruja la solían recolectar los porqueros mientras cuidaban de su ganado en el campo, aunque la merma de población en los pueblos hace que cada vez sean menos las personas que conocen los arroyuelos donde brota esta planta.

Los lugareños que aún la consumen explican que esta hierba acuática se puede confundir con otra muy parecida que nace en los huertos, denominada hierba de las gallinas, cuyo nombre científico es el de 'stellaria media'.

La recolección tiene que hacerse a los pocos días de nacer, ya que, de lo contrario, crece demasiado, florece y se endurece, perdiendo sus cualidades culinarias para la ensalada.

A pesar de que existe la creencia o leyenda urbana de que está prohibido coger este tipo de planta, los agentes medioambientales de la zona explican que no existe ningún tipo de prohibición, siempre que no se altere el cauce del arroyo.

Eso sí, es muy importante recolectar únicamente la parte superior de la planta con el fin de que puede completar su ciclo vital y, además, la parte inferior del tallo suele tener bastante barro.

Algunos restaurantes salmantinos tienen en su carta durante los meses de primavera la ensalada de moruja y reconocen que es uno de los platos más preciados de sus clientes.

Su precio en el mercado, siempre clandestino, puede alcanzar los 50 euros por una bolsa de un kilo, ya que cada vez escasea más y son pocas las personas que conocen los lugares donde brota.

En Portugal, en la provincia de Guarda, limítrofe con Salamanca, un grupo de biólogos han iniciado un proceso para intentar cultivar este tipo de planta y así poder comercializarla. EFE