EFECardeñosa (Ávila)

Casi diez meses después de que 250 botellas de vino de crianza de la bodega abulense "Viña Alondra" fuesen introducidas a veinte metros de profundidad en el pantano de Las Cogotas para su maduración, hoy han sido extraídas entre aplausos para dar lugar a la primera añada de vinos de agua dulce.

Esta experiencia pionera en el mundo vitivinícola ha concluido con éxito por parte de los responsables de esta bodega ubicada en el pequeño municipio abulense de Langa (526 habitantes), donde los hermanos Enrique y Almudena Castelló cuentan con un viñedo de unas dos hectáreas y unas 2.200 cepas de la variedad Tempranillo.

Aunque ocho de las diez jaulas introducidas en noviembre del año pasado en este embalse próximo a la capital de Ávila ya habían sido extraídas en marzo y hace tres semanas, había expectación por comprobar el resultado final de esta experiencia única en el mundo en agua dulce.

Para ello, en las proximidades del pantano se han congregado los responsables de la bodega y sus amigos, para comprobar cómo tres buzos llegados desde Madrid se introducían a unos quince metros de profundidad para extraer las últimas cincuenta botellas que aún permanecían sumergidas.

Este experimento pretende conseguir unos vinos similares a aquellos que agradaron en su momento y a los que Enrique Castelló denomina "accidentales", que eran elaborados por sus antepasados a partir de las uvas de los viñedos que había en el municipio de Langa, en la comarca abulense de La Moraña, al norte de la provincia.

Según recordaban hoy los copropietarios, la idea de introducir las botellas durante casi diez meses, tras permanecer doce meses en barricas de roble francés, partió de la forma de actuar que su padre, Lucinio, tenía cuando iba al huerto en verano.

Para ello, solía llevarse una botella de vino que introducía en un pozo cercano para que se mantuviera fresco y así poder dar un trago de vez en cuando para combatir el calor.

Sin embargo, en ocasiones algunas botellas caían de forma accidental al pozo, lo que impedía que pudieran ser recuperadas hasta que aproximadamente medio año después eran recuperadas al ser limpiado el fondo.

Según comentaba su padre y quienes probaban ese vino, el sabor de esos caldos mejoraba, por lo que los propietarios de la bodega decidieron hace algún tiempo recuperar esa forma de elaborar un vino de crianza introduciendo varias botellas en este pantano abulense que cumplía los cinco requisitos necesarios para ello.

Después de testar otros ríos como el Duero o el Adaja, así como la zona de Sanabria, en Zamora, finalmente se decantaron por Las Cogotas, junto a uno de los castros vettones más destacados de la provincia de Ávila.

De hecho, la última de las cajas extraídas, ha sacado a la luz una de las dos monedas celtas introducidas hace diez meses.

Los requisitos que hicieron de este lugar el punto ideal son: la presión atmosférica, a 1.030 metros de altitud; la oscuridad; la temperatura -12 grados-, la humedad y el silencio.

Esta mañana se ha visto el resultado final de esta iniciativa que, según Almudena Castelló, ofrece unos vinos más equilibrados tanto en olor como en sabor y que aguantan mucho más que otro crianza.

En este sentido, Castelló recomienda que aquellas personas que consuman estos caldos, lo dejen reposar en torno a veinte minutos, una vez abierta la botella.

De esta manera se podrán apreciar los sabores a resinas, madera y mora que, entre otros, ofrecen estos vinos cuya graduación alcanza los 14 grados.

La copropietaria de esta bodega cuyos vinos están amparados por la marca "Vino de la Tierra de Castilla y León", señala que cuando salgan al mercado el precio de venta al público rondará los cien euros. EFE