EFEValència

Bailar swing mientras se está confinado por la pandemia de coronavirus es posible gracias a iniciativas como "Aparta muebles swing fest", que trasladan las clases de la escuela al salón de casa por medio de la tecnología, en una suerte de "pequeña terapia" que además ayuda a mantenerse en forma.

La iniciativa la han puesto en marcha Valeria Yegupova y Fran Gutiérrez, propietarios y profesores de la escuela Savoy Benimaclet, que tras el obligado cierre de las instalaciones donde impartían 25 clases semanales a casi 500 alumnos han buscado una fórmula para quienes "se han quedado se repente sin su trocito de swing semanal".

Como ambos profesores viven juntos, han "remodelado completamente" su comedor y han arrinconado todos los muebles para convertir el salón en el escenario en el que graban clases de distintos niveles que suben a Instagram y a Facebook, siguiendo una programación semanal, explica a EFE Valeria Yegupova.

"Empezamos con clases de authentic jazz, para la gente que está sola en casa, pero hemos añadido lindy hop con el fin de que las parejas también puedan bailar", señala esta profesora.

Todo con tres niveles -iniciación, avanzado e intermedio- porque hay gente que lleva bailando casi cuatro años, desde que abrió sus puertas esta escuela que toma el nombre de la mítica sala del Harlem de Nueva York que integró por primera vez a bailarinas afroamericanos y blancos, y otros que acaban de empezar.

Con el fin de "obligar" a tener una rutina y a que la gente "encuentre un ratito para bailar", las clases, que se imparten a diario por las tardes, como hacían en la escuela, se dejan publicadas dos horas y luego se borran, pues la idea es simular que se va a clase.

"Las puede ver todo el mundo, aunque sean de otras escuelas o no hayan bailado nunca; nos parecía importante que todos puedan participar", explica Valeria Yegupova, quien añade que, como deferencia para sus alumnos, los domingos les enviarán un archivo con las clases de la semana.

Pero no solo dan clases: tres noches a la semana comparten música a través de una lista pública que han abierto en Spotify, a semejanza del baile social que ponían en la escuela, y los martes y jueves recomiendan libros, películas o vídeos relacionados con el jazz y el swing, para que ahora que la gente tiene "más tiempo" pueda dedicar un rato a esta cultura.

Aseguran que la respuesta del alumnado ha sido "muy buena", de forma que, aunque les daba "un poco de corte" ponerse delante de la cámara, lo compensan con los ánimos de los alumnos, que a diario les mandan más de cincuenta vídeos bailando en los salones de sus casas, lo cual les motiva también a seguir.

"Nos sabía fatal frenar en seco la actividad, y de esta forma nos mantenemos todos activos", explican estos profesores, que ya están trabajando en la programación de la semana que viene -que publicarán este fin de semana para que la gente se pueda organizar- con el fin de que sea "un poco diferente".

Admiten que nunca se habían planteado este tipo de clases, pero el suyo es un trabajo "completamente de contacto" y han tenido que reconvertirse: "Nos alegra haber encontrado una alternativa que está funcionando: la gente está contenta y les vemos bailar y practicar a diario con los vídeos que nos mandan. Es una buena opción". Por Loli Benlloch