EFEValència

La muerte de la exalcaldesa de València Rita Barberá, de la que mañana se cumple un año, mantiene huérfano al PP del tirón popular del que gozó durante dos décadas, mientras los frentes judiciales que implican a varios de sus colaboradores empañan la reivindicación de su legado por parte de su partido.

Su repentino infarto en un hotel de Madrid, dos días después de declarar ante el Supremo por el supuesto blanqueo de capitales de su grupo municipal en València, sumió al PP en un cruce emocional: por un lado se glosaba sin ambages su herencia política y, por otro, se lamentaba la pérdida mutua de confianza que, dos meses antes, llevó a Barberá a darse de baja en el partido donde militaba desde 1976.

Las primeras reacciones a su muerte mezclaban incredulidad, tristeza y reivindicación de la presunción de inocencia, algo que, según coincidieron algunos, se incumplió en el caso de quien fue conocida como "la alcaldesa de España" y que gobernó València desde 1991 hasta que en 2015, aun liderando la lista más votada, perdió la mayoría absoluta y con ella la vara de mando consistorial.

El PP reconocía estar en "estado de shock" por su pérdida, muchos compañeros de partido de toda España hablaban de "linchamiento" político y mediático como una de las causas del infarto, y otros asumían con resignación que el partido la había dejado sola en su última etapa como investigada en un caso en el que siempre negó estar implicada y por el que rechazó dimitir como senadora.

Uno de sus mayores defensores públicos a lo largo de su carrera, Mariano Rajoy, que acudió a su funeral, llegó a declarar en un homenaje posterior que le brindó la Federación Española de Municipios y Provincias que presidió de 1995 a 2003: "Añoro su vitalidad, su compromiso, su solvencia, su pasión por su ciudad, y, si me lo permiten, sus broncas, porque me las pegaba".

Y es que Rita Barberá Nolla marcó un hito en el municipalismo "popular", simbolizando como pocas la figura de alcaldesa total, admirada por las nuevas generaciones de políticos, agasajada en sus visitas a los mercados -sobre todo en campaña-, y temida por algunos de sus rivales, tanto internos como ajenos al PP.

Barberá estuvo detrás de proyectos y acontecimientos de gran impacto mediático para València por lo que fue aplaudida y criticada a partes iguales.

Sin embargo, la puntilla política para Rita, como era conocida popularmente, fue el caso Imelsa, que tuvo su origen en una operación policial denominada "Taula" y que durante casi dos años ha dejado un reguero de sospechas e imputados en las filas del PP que prácticamente han invisibilizado a esta formación en el Ayuntamiento de València.

La madeja judicial de ese caso, donde se entremezclan billetes escondidos tras cuadros, amenazas, grabaciones escandalosas, traiciones y lealtades fracturadas, ha acabado con un PP local dirigido aún por una gestora.

Esa causa judicial derivó posteriormente en la imputación de prácticamente todo el equipo que sustentó a Barberá en la alcaldía durante más de dos décadas, concretamente nueve de los diez concejales del actual grupo municipal -solo se salva el independiente Eusebio Monzó-.

Y acabó también por salpicar a la exalcaldesa, que tuvo que declarar ante el Supremo debido a su aforamiento como senadora territorial, cargo al que accedió tras renunciar, primero al acta de concejal y después al de diputada en Les Corts Valencianes.

Quien fue "mano derecha" de Barberá durante muchos años, Alfonso Grau, quedó absuelto del caso Nóos pero se enfrenta ahora a un posible nuevo juicio por un supuesto delito de cohecho por haber recibido, durante su mandato como vicealcalde, relojes de un empresario que era contratista del consistorio; el fiscal pide seis años de cárcel para Grau por cohecho y blanqueo de capitales.

Un año después de su muerte, el PP autonómico que lidera Isabel Bonig mantiene la incógnita de quién será su candidato a la Alcaldía en las próximas elecciones municipales.

"Tenemos candidato y tenemos personas, no solamente el número 1 porque luego hay que configurar toda una lista", dijo la semana pasada Bonig a EFE, y aunque no quiso desvelar ningún nombre, reiteró que tienen "una gran cantera" y que la decisión se tomará conjuntamente con la dirección nacional.

Y mientras, en el céntrico piso de Valencia donde vivía Rita de alquiler, a través de cuyas lamas observaba tanto las manifestaciones contra ella como, durante sus últimos meses de vida, la constante presencia de medios de comunicación, sigue colgando el cartel de "Se vende".

Carlos Bazarra