EFEJoan Castelló Valencia

El Palau de les Arts de València acogió este jueves el estreno en España de una ópera del siglo XXI, 'Fin de partie', del húngaro Georgy Kurtág, que sitúa al espectador ante un mundo sin futuro, con unos personajes encerrados en un confinamiento social y psicológico, en unos momentos en los que la población valenciana y española afronta toques de queda y confinamientos perimetrales por la pandemia de la covid-19.

Tras 'la bella y la bestia' de Philip Glass, y '1984', de Lorin Maazel de temporadas anteriores, 'Fin de partie' es la tercera incursión en la historia del coliseo valenciano en la ópera contemporánea, una obra que ha sido bien recibida por un público mermado, no sólo por la obligada reducción de aforo impuesta por las autoridades sanitarias por el coronavirus, sino por la silenciosa marcha de decenas de espectadores que abandonaron sus butacas al término de cada una de las cinco escena que integran esta ópera en un solo acto, basada en el obra homónima de Samuel Beckett.

El bajo noruego Frode Olsen (Hamm), el barítono británico Leigh Melrose (Clov), la contralto británica Hilary Summers (Nell) y el tenor italiano Leonardo Cortellazzi (Nagg). los cuatro protagonistas que ya intervinieron en el estreno mundial de la obra en Milán en 2018, realizan una interpretación magistral en una obra sin apenas acción para encarnar personajes mutilados, que están en un sufrimiento continuo y que han perdido toda esperanza en el futuro.

Los voces, entre el recitativo y el canto descarnado, narran historias absurdas y sin sentido, protagonizadas por dos generaciones de personajes que se culpan mutuamente de ser los causantes de un destino anodino. En un alarde de cinismo que les lleva a expresar que no hay nada más cómico que la desgracia, su desesperanza ha llegado a tal extremo que se llora por nada, por no reír.

Son personajes que luchan por su supervivencia en un ambiente hostil, en medio de una partida que tienen perdida, ya que solo conocen el frío, el hambre y la muerte.

El maestro alemán Markus Stenz ha dirigido con gran solvencia a la Orquesta de la Comunitat Valenciana, que demostró su gran versatilidad en una obra que navega entre el esencialismo, la conceptualidad y la belleza sonora de las vanguardias musicales europeas. Para sus integrantes fueron los aplausos más calurosos del público al finalizar la representación.

La escenografía de Christof Hetzer sitúa la acción en la noche de un lugar indeterminado: en medio de la oscuridad y sin ningún horizonte, una casa sin perspectivas, aislada en medio de la nada, con ventanas que van desapareciendo ante la incomunicación de los personajes: Hamm, un ciego en silla de ruedas; Clov, un criado cojo, y Nell y Nagg, unos padres sin piernas que viven dentro de unos cubos de basura. Como único atrezo, un bichero permitirá a Hamm seguir dando vueltas en un sufrimiento que no tiene fin.

Aunque estaba anunciada como una actividad más de su estancia en València, finalmente no asistió a este estreno por motivos de agenda de última hora el ministro de Cultura, José Manuel Rodríguez Uribes, aunque ello no fue óbice para que un reducido grupo de taurinos protestara durante unos minutos en el exterior del Palau de Les Arts, entes del inicio de la ópera, por la ausencia de ayudas del ministerio a la tauromaquia. Sí que acudió a esta cita con la música contemporánea el conseller de Educación y Cultura, Vicent Marzà.