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La escritora alicantina Catalina González Vilar sostiene que las nuevas tecnologías "son herramientas muy poderosas" para la formación de los jóvenes, pero es necesario "educarles en su uso" y darles a conocer todas las posibilidades que ofrecen para que no se queden en un mero elemento de distracción.

La autora, especializada en literatura infantil y juvenil, ha hecho esas reflexiones en una entrevista con EFE en Cartagena, donde este miércoles y jueves participa en varios encuentros con jóvenes lectores de su novela "Las lágrimas de Naraguyá", que ha resultado finalista del Premio Hache de fomento de lectura para adolescentes de 12 a 14 años.

El libro, que narra una intensa aventura en las profundidades de la selva del Amazonas, ya resultó finalista de los premios Azagal de Tenerife en 2018 y compite en esta ocasión con "La joven de la medianoche", de Gisela Pou, y "El comando Gorki", de Fernando Lalana.

Para González Vilar, ganadora también en 2012 del Premio Barco de Vapor, este libro ha sido uno de los que más ha disfrutado al escribir y cuyo proceso de creación ha sido más fluido. En su opinión, una de las claves fundamentales a la hora de escribir una historia es poder "jugar con ella, pasarlo bien y no perder la frescura".

Autora de una veintena de libros para niños y adolescentes, asegura a EFE que eligió ese público porque es al que le pueden interesar las historias que se le ocurren "de manera natural" y con quienes se siente "más relajada" y cómoda, porque puede utilizar libremente elementos como el humor, el juego y la fantasía.

No obstante, ha señalado que la edad no es un factor determinante para poder acercarse a sus libros: "Escribo simplemente para gente a la que le guste leer, para lectores que disfruten leyendo tanto como yo escribiendo. Los márgenes de edad siempre dejo que los fije la editorial", ha señalado.

Gran parte de su obra son álbumes ilustrados para niños con los que ha ganado premios tan importantes como el Internacional de Álbum Ilustrado Edelvives 2016 con "La familia de la valija impar", con dibujos de Isabel Hojas.

Este tipo de trabajos, ha dicho, son "una gran alegría, una gozada" porque la combinación de imagen y texto genera "muchísimas posibilidades" y permite salir de la soledad habitual del escritor para trabajar mano a mano con otra persona que "complementa tu historia e incluso la lleva por otros caminos" diferentes a los que inicialmente se había planteado el autor.

Por eso, se ha declarado también "muy fan" del cómic y la novela gráfica, a los que está dedicada esta edición del Premio Mandarache, el "hermano mayor" del Premio Hache, orientado a lectores de 15 a 30 años.

"Hay que eliminar toda esa idea, ya bastante superada, de que el cómic es pseudoliteratura y de menos nivel. Hay padres que incluso ven como un problema que sus hijos lean cómics, cuando es otra vía igual de válida y que también hay que explorar", ha reflexionado.

No obstante, ha opinado también que "a veces se exagera un poco" la falta de atracción por la lectura de los niños y jóvenes.

"A mi alrededor tengo niños lectores que leen con entusiasmo, seguramente no son la mayoría, pero tampoco lo eran cuando yo era niña, y tampoco hay una mayoría de adultos lectores. La lectura es una maravilla, aporta muchísimo, pero nunca ha sido de mayorías", ha dicho al respecto.

Según ella, desde hace bastantes años se han venido reduciendo también las campañas de fomento de la lectura, por eso, ha valorado estos premios, capaces de congregar cada año a más de 5.000 adolescentes y jóvenes en torno a las obras finalistas y sus autores.

Virginia Vadillo