EFEValència

Gregory Kunde, el tenor norteamericano que logró superar un cáncer, ha realizado una interpretación de referencia del protagonista de la ópera "Peter Grimes", en la que ha sacado toda su fuerza vocal para presentar a un pescador luchador que se enfrenta a la sospecha y las murmuraciones de un pueblo.

El Palau de les Arts Reina Sofía de València ha acogido hoy el estreno de una producción de Peter Grimes, de Benjamin Britten, que ha supuesto el debut de Kunde en el papel protagonista de esta ópera del siglo XX.

En un papel muy exigente, Kunde ha modelado con maestría un personaje, el pescador Peter Grimes, sobre el que pesan las sospechas de maltrato a sus jóvenes grumetes, a quienes trata con desdén y forma tiránica en su obsesión por salir de la situación precaria en la que vive, una aldea con vecinos que no dudan en condenar a partir de rumores o conjeturas.

Junto a él, Leah Partridge, soprano también estadounidense, ha encarnado también con éxito a Ellen Orford, la maestra que cree en la integridad de Peter Grimes y no duda en enfrentarse a la intransigencia del pueblo, aunque los hechos le harán dudar del comportamiento del hombre de quien está enamorada hasta el extremo de pensar que ha fracaso en su intento de ayudarle a superar su aislacionismo social.

Esta producción del Teatro de la Moneda de Bruselas denuncia no sólo el trabajo de menores en situaciones próximas a la esclavitud y el maltrato, sino que también retrata de forma crítica a una sociedad hipócrita e intransigente, tan fanática como religiosa, que se deja influir por habladurías y que su obsesión es matar el pecado. La veterana Rosalid Plowright, en el papel de la señora Sedley, es el prototipo de mujer que alienta con ahínco ese juicio paralelo.

Un plano inclinado que ocupa gran parte de la escena sumerge al espectador en un ambiente de zozobra e inseguridad, una forma eficaz de trasladar la inseguridad de la marea que se abate contra la aldea y sus habitantes a lo largo de los tres actos de la ópera.

Esa situación de inestabilidad y mar enfurecido se consigue también en la escena de la posada del Jabalí que, como en el camarote de los hermanos Marx, van entrando oleadas de vecinos cada vez que se abre la puerta, en la parte superior del plano inclinado.

Las luces, con iluminaciones y penumbras, contribuyen a crear una atmósfera asfixiante y cerrada, con recursos propios del neorrealismo al proyectar sombras siniestramente alargadas como la llegada de Peter Grimes a la posada del Jabalí en medio de las murmuraciones.

Curiosa fue también la escenificación del baile como una mascarada en la que los personajes iban vestidos de rojo (en vez de la indumentaria lúgubre marrón) y cubierta la cara con caretas de animales.

Destacada ha sido también la actuación de Franklin Christopher, el director musical, que ha sacado el mejor brillo a esta ópera de Britten, una de las más representativas del siglo XX en la que no todo es tonalidad, y en la que los vientos y la percusión tienen una protagonismo relevante.

Aunque en momentos puntuales se pasó ligeramente de revoluciones, la Orquesta de la Comunitat Valenciana mostró versatilidad y agilidad en esta obra de gran complejidad.

Con una amplia presencia en escena a lo largo de los tres actos, el Coro de la Generalitat demostró una vez más su excelente calidad encarnando a un pueblo que juzga no por hechos sino por rumores o suposiciones. Ese mismo pueblo se mostrará indolente cuando se recibe el aviso de que la barca de Peter Grimes se está hundiendo en el mar, pero no hacen nada al considerar que es un rumor infundado.

Del resto del reparto destacó la intervención del barítono Robert Bork, en el papel de capitán Balstrode, el amigo de Peter Grimes, y Dalia Schaechter (como Auntie).