EFECatral (Alicante)

El oficio de herrero ha sido uno de los más reputados durante gran parte de nuestra historia. Así lo corrobora una familia de Catral (Alicante), 'Los Rocamora', que mantiene abierta desde mediados del siglo XIX una herrería donde trabaja con las técnicas heredadas del pasado.

Más de doscientos años y cuatro generaciones han pasado por este negocio familiar regentado, desde hace un par de año, por Gabriel Rocamora, quien cogió las riendas de esta herrería junto a su hermano José Ramón, recientemente fallecido, tras la jubilación de su padre.

Es Gabriel Rocamora, quien se encarga hoy con esmero de transformar los metales en piezas para la agricultura o la música, usando herramientas de su progenitor, su abuelo y su bisabuelo.

Recuerda despertar, de pequeño, con los golpes que sus antecesores daban al acero cuando la herrería se situaba en el centro del pueblo y su casa, justo encima.

Haber vivido este oficio desde que era un niño ha suscitado en él un "amor" que en la actualidad conserva con la misma ilusión que sus antepasados.

Durante este tiempo 'Los Rocamora' han diseñado herramientas como la corvilla de dientes, también conocida dentro y fuera de la comarca alicantina de la Vega Baja como la corvilla 'Catral'.

Este utensilio le ha dado al pueblo "fama" en otras comunidades autónomas, como Castilla-La Mancha o Aragón, y "prestigio" a esta saga familiar.

Para su fabricación, según ha revelado a Efe Gabriel Rocamora, son fundamentales el acero al carbono, la fragua con carbón mineral y el yunque.

Uno de los yunques del taller, el más empleado por esta saga familiar, tiene 182 años. Según rememoraba el padre de Gabriel Rocamora, "antiguamente, la gente del pueblo lo usaba incluso para probar su fuerza".

¿Pero cuál es el secreto de la corvilla 'Catral'? El primer paso es colocar el acero en la fragua para fundirlo.

Una vez que ha alcanzado la temperatura ideal -"unos 900 grados", reseña Gabriel Rocamora, se instala sobre un aparejo, invento de la casa, que le da la forma de corvilla. Para agilizar su tarea, nuestro herrero también se vale de un horno donde puede calentar varias piezas de acero a la vez.

Si algo distingue a la corvilla 'Catral' del resto son los dientes marcados en la hoz, siendo éste el segundo paso.

Con especial "puntería", ayudado por un cincel y un martillo, y, eso sí, sentado en el 'banco de dentar', como aquí se denomina, se marcan los trescientos dientes que aproximadamente lleva cada una de estas herramientas que sirven, habitualmente, para segar.

El siguiente paso es afilar la corvilla para "imprimir" el grosor adecuado de un milímetro y medio, más o menos.

Tras pasar por la máquina de filo queda prácticamente pulida y preparada para ser sometida a la estampa de la marca de la casa -G.Rocamora Catral- y al templado en aceite y carbono, que le otorga la máxima consistencia. Por último, se encaja el mango de madera a la corvilla, quedando así lista para su venta.

Gabriel Rocamora no se olvida de otras herramientas, como el corvillón, la corvilla cañamera -para el cáñamo- o el gancho, ideado por su progenitor para la poda de las palmeras.

La saga de 'Los Rocamora' también está muy ligada al mundo de la música, una pasión que, igualmente, ha mantenido generación tras generación.

La unión entre ambas actividades ha dado lugar al diseño en esta herrería, enclavada en el polígono de San Juan de Catral, de unas 'navajas musicales' para las boquillas de instrumentos como el oboe.

Estas 'navajas musicales', así como la corvilla o el gancho, ya tienen presencia en Austria, Estados Unidos, Canadá o Sudamérica, entre otras zonas del mundo.

Jenny Escarabajal