EFEValència

El conseller de Hacienda, Vicent Soler (Rocafort, Valencia, 1949), asegura en una entrevista con la Agencia EFE que duerme "como los ángeles", que conoce tan bien el paisaje andino como el de la Península Ibérica, y que no le importaría subir al Peñagolosa con Cristóbal Montoro.

PREGUNTA: Usted fue conseller del Gobierno de Lerma en 1985 y en 2015 volvió al Ejecutivo valenciano A estas alturas de la vida, ¿30 años no es nada?

RESPUESTA: Nada, nada… En realidad "fa trenta anys que tinc trenta anys" (y pico), parafraseando a Serrat. Con la perspectiva de haber estado veinte años fuera de la política, he vuelto con la misma ilusión, pero con mucha más experiencia. Ha sido, eso sí, un privilegio que el president Ximo Puig contara conmigo en un momento tan fascinante para las políticas de cambio.

P: Su aspecto físico es casi el mismo. ¿Qué toma?

R: ¿El mismo? Ya me gustaría. Pero sí que es verdad que duermo como los ángeles. Voy a la cama con la conciencia tranquila de haber hecho lo que creo que es mejor para mis conciudadanos. Eso seguro que es terapéutico psicológica y físicamente.

P: Y en la economía valenciana, ¿qué ha cambiado en estas últimas décadas?

R: Mucho, porque se encuentra en un mundo diferente. Ahora, en lugar de vender barato, tenemos que vender bien. Hacer cosas (tangibles o no) diferenciadas, con innovación, talento y preocupándonos más por la logística, la organización empresarial eficiente o los costes energéticosque en precarizar las relaciones laborales.

P: En tres o cuatro palabras, ¿qué características deberían definir la economía valenciana dentro de 30 años?

R: Innovación, internacionalización y cohesión social. No importará tanto qué se produce sino cómo.

P: ¿Ha tenido pesadillas con el exministro de Hacienda Cristóbal Montoro?

R: Que yo sepa, Montoro no es un ángel y, por tanto, no forma parte de mi mundo onírico.

P:¿Subiría el Peñagolosa con Montoro, o eso ya sería demasiado para el cuerpo?

R: No me importaría, pero con la condición de que no me obligara a reírle sus chistes. Y con una segunda condición: que aprovecháramos el ascenso para explicarle que esa montaña es un símbolo para los valencianos. Que somos una gente trabajadora y festiva, que no tiene por qué estar sometida al maltrato financiero como el que sufrimos desde tiempos inmemoriales.

P: Si tuviera que elegir entre el Levante campeón de Liga o una quita de la deuda de la Comunitat Valenciana, ¿cuál sería la opción elegida?

R: ¿Y por qué tengo que elegir? Son endiabladamente bonitas las dos… y compatibles.

P: ¿Qué libros va a leer este verano? ¿Alguno referido a financiación?

R: Ya los tengo comprados y preparados. Son “L'assassí que estimava els llibres”, de Martí Domínguez, y “El tinent anglés”, de Eduard Mira. También las series de estudios sobre financiación autonómica elaborados por el IVIE.

P: ¿Qué prefiere, los números o las palabras?

R: Si escogí la carrera de Económicas es porque era una ciencia social que incluía las matemáticas. Es decir, las dos cosas: números y palabras.

P: Le gusta la montaña, pero es un enamorado de la playa de Xàbia: ¡lo quiere todo!

R: Es que el país de los valencianos es un territorio que tiene de todo y, efectivamente, todo me gusta. Me gusta mi país.

P: ¿Tiene el 'corazón partío' entre la Comunitat Valenciana y Perú, donde viven su hija mayor y su nieto?

R: Pues sí, el 'corazón partío', porque mi otra hija vive en Valencia. A estas alturas, conozco tan bien el paisaje andino como el de la península ibérica.

P: Es feliz con...

R: Mi implicación en la consecución de una sociedad más justa y libre. Ver cómo crecen mis hijas y mi nieto. Departir con la familia y los amigos alrededor de las magníficas paellas que hace mi hermano en Rocafort. Y compartir mi felicidad con mis seres queridos, comenzando por mi mujer.