EFEJoan Castelló València

La producción de "La flauta mágica" estrenada hoy en el Palau de Les Arts de València ha convertido la narración mágica compesta por Wolfgang Amadeus Mozart en una revuelta social que ha sacudido las conciencias de los espectadores que, en partes iguales, han aplaudido y abucheado la versión firmada por GrahamVick.

Para ir entrando en materia, cuando el público acudió a sus butacas antes de comenzar la función se encontró con la sala principal repleta de pancartas reivindicativas, como si de una huelga o una manifestación se tratara, con textos en los que se podían leer frases como "basta de desahucios", "no a la violencia de género", "por la defensa de la sanidad pública, "no nos harán callar", "no más recortes" o "la banca siempre gana".

En un lugar estratégica, debajo de los palcos de autoridades, un lienzo de grandes dimensiones exhibía otra frase de gran calibre: "la corrupción desfalcó mi nación", y detrás de ella se sentaron el president de la Generalitat, Ximo Puig; el ministro de Cultura, José Guirao; el conseller de Educación y Cultura, Vicent Marzà; la consellera de Agfricultura y Medio Ambiente, Elena Cebrián; la consellera de Justicia, Gabriela Bravo, y la presidenta de Les Arts, Susana Lloret, entre otras autoridades.

Con esta versión, la quinta de su trayectoria profesional, el regista Graham Vick ha presentado una visión imaginativa y comprometida socialmente de esta ópera, con una condena de los poderes fácticos y un cántico a la libertad de pensamiento y de religión, y con novedades escénicas como la actuación, como figurantes que no están previstos en el libreto original, de 60 ciudadanos que han asumido el rol similar al de las tragedias griegas como conciencia y rebelión frente a los abusos que sufre la ciudadanía.

El inicio de la temporada 2018-2019 no ha podido ser más contundente: una puesta en escena tan efectiva como dura, que ha incomodado a la parte del público que espera una ambientación tradicional, pero que ha enganchado con el público más joven que ha visto como una ópera de más de 225 años de antigüedad también puede servir como vehículo para plasmar realidades bien actuales, como la marginación de la mujer en los ámbitos políticos, religiosos y laborales.

En "La flauta mágica" Mozart combina genialmente lo popular con personajes de cuento infantil y lo esotérico (hay similitudes con los rituales de la masonería), aunque en esta producción propia del Palau de les Arts (en coproducción con el Macerata festival italiano y con la colaboración de la Birmingham Ópera Company) el monstruo de la serpiente se ha convertido en un excavadora y los tres templos de Sarastro se han reconvertido en un edificio con el símbolo de la Unión Europea (el poder político), en un bloque compacto con la manzana de Apple (el poder económico) y una basílica (el poder de la Iglesia Católica).

El edificio de la Unión Europea esconde en su parte trasera cinco misiles de gran calibre dispuestos a matar para conseguir más poder; detrás de la basílica hay una imagen de una virgen con la boca sellada con esparadrapo -en un símil de la subordinación con que la religión somete a la mujer-, y el bloque de Appel esconde en su parte posterior un árbol seco, que deja sin recursos a los que más lo necesitan para sobrevivir.

Esos tres pilares se derrumbarán al final de la obra como las fichas de dominó, mientras la ciudadanía, que a lo largo de la obra se desenvuelve entre vallas (como si estuviera enjaulada) realiza un baile conjunto acompasado, como una forma de celebrar el triunfo de la libertad frente a la oscuridad, representada por el personaje de la Reina de la Noche.

El montaje resulta efectivo por su sencillez, con aportaciones visuales como la fotografía de Pamina que contempla Tamino se visualiza mediante el acople de decenas de piezas de un rompecabezas, y actores y figurantes desenvolviéndose por los pasillos de la platea, en un intento de acercar y transmitir la acción al público.

El tenor ruso Dmitry Korchak (el príncipe Tamino) y la soprano Mariangela Sicilia (Pamina, con un vestuario muy rosa de princesa) tuvieron una actuación notable, al igual que el bajo Wilhelm Schwinghammer (Sarastro, el valedor de la justicia. con una voz imponente) y la soprano ucraniana Tetiana Zhuravel (la despótica Reina de la Noche, a pesar de unas inseguridades iniciales en la difícil el aria de las notas picadas)

Sencillamente admirable estuvo el barítono británico Mark Stone como Papageno (el pajarero real con cresta azul al estilo de los jóvenes de tribus urbanas), que actuó con buena vis cómica y que, tras fumar figuradamente un "porro", encandiló con el aria "Ein Mädchen oder Weibchen" del segundo acto.