EFEJoan Castelló València

El Palau de Les Arts de València ha estrenado este domingo una producción de "Les contes de Hoffman", de Jacques Offenbach, que ha levantado de sus asientos al público para aplaudir una historia fantástica en la que el amor se convierte en una entelequia dolorosa e inalcanzable y en la que ha destacado la interpretación del tenor norteamericano John Osborn.

Los relatos de amor, entre fantasía y realidad, del poeta Hoffman por tres mujeres son en realidad una idealización del amor que siente por la cantante Stella, aunque ninguno de los cuatro llegará a materializarse, ya que uno de ellos quedará roto (Oliympia, la muñeca autómata), otro supondrá la muerte de Antonia y con Giulietta perderá su propia identidad. Esos amores son en realidad tres formas de querer a una misma mujer, Stella, la cantante a la que finalmente ignorará, ante la desesperación de su musa-amiga-compañero, que no logrará atraer la atención del escritor.

La puesta en escena está concebida como un escenario dentro de un escenario, con una reproducción de la propia platea del Palau de Les Arts, que se va transformando sucesivamente  en una taberna y tres mansiones diferentes, una por cada una de las historias amorosas. En estos lugares, la acción se desarrolla en tres niveles a distinta altura: realidad, narración y sueños-fantasías.

Algunos de estos niveles se convierten a su vez en escenarios de fiestas y celebraciones, en los que no faltan pequeñas bacanales como la celebrada en la mansión veneciana de Giulietta, con actuación de transformistas y un bailarín con un cancán con los colores de la bandera LGTBI.

Además del uso de telones transparentes para discernir la realidad de los sueños y fantasías, resulta interesante el uso de unas pequeñas ventanas a media altura, como los tornos utilizados en la entrada de los conventos de clausura o pequeños montacargas de alimentos, por donde aparecen y desaparecen las protagonistas de las fantasías amorosas de Hoffmann.

John Osborn, el tenor de Iowa especialista en papeles rossinianos y de la ópera francesa, culminó una excelente actuación gracias a la claridad del timbre y al excelente fraseo, que le permitió afrontar con brillantez tanto los pasajes cómicos (el aria "Va pour Kleinzach") como los momentos más solemnes y llenos de ternura (el duo con Antonia "C'est une chanson d'amour").

La soprano sudafricana Pretty Yende, que ha encarnado por primera vez en su carrera a las cuatro musas (Stella, Olympia, Antonia y Giulietta), tuvo una destacada actuación, como en las arias "Les oiseaux dans la charmille" (como Olympia) o en "Elle a fui, la tourterelle" (como Antonia), además de la sensual barcarola "Belle nuit, ô nuit d'amour", el pasaje más conocido de esta ópera, aunque el público se mostró algo más frío con ella al final de la obra.

Fueron también muy destacadas las intervenciones del bajo-barítono italiano Alex Esposito, que encarnó los cuatro papeles antagonistas de Hoffman (Lindorf, Coppélius, el doctor Miracle y Dapertutto), y de la mezzosoprano inglesa Paula Murrihy (como la musa del poeta y su amigo Niclausse).

El otro gran triunfador de la noche fue el director musical Marc Minkowski, un especialista de Offenbach, que ofreció una versión historicista basada en la edición crítica de los musicólogos Michael Kaye y Jean-Christophe Keck, en una sabia intervención en la que resaltó el papel seductor de unas melodías que exhalaban ensoñación y misterio, con una Orquesta de la Comunitat Valenciana y un coro de la generalitat  que volvieron a recibir el respaldo unánime del público.

 Recibieron también un exitoso tributo los responsables de la parte técnica, con Johannes Erath como responsable de la dirección escénica de esta producción de la Semperoper de Dresde, secundado por Heike Scheele (escenografía), Gesine Völl (vestuario), Fabio Antoci (iluminacion) y Alexander Scherpink (vídeocreaciones). EFE

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