EFEValència

El Palau de les Arts de València ha cerrado la temporada de ópera 2021-2022 con el estreno de Wozzeck, una producción con puesta en escena de Andreas Kriegenburg, que ha utilizado la música de vanguardia del siglo XX compuesta por Alban Berg para resaltar la vida miserable de un paria.

Con dirección musical de James Gaffigan, la Orquesta de la Comunitat Valenciana ha establecido un nuevo hito en su fructífera trayectoria, al realizar una excelente demostración de técnica en esta obra compleja y referente de la modernidad musical, un éxito que se une al alcanzada en 2007 con la tetralogía wagneriana de la mano de Zubin Mehta.

La esceneografía, diseñada por Harald B. Thor, presenta un enorme cubo de unas 6,5 toneladas suspendido en medio del escenario, con paredes sucias y llenas de humedades que albergaban una estancia que igual era una sala inhóspita del ejército como la casa sucia y destartalada de Wozzech, un soldado pobre y sin horizontes sociales ni profesionales.

Por debajo de este mamotreto de hormigón se extiende una placa de agua de 450 metros cuadrados, un camino por el que arrastran los pies, como si de un camino embarrado de la vida se tratara, el soldado Wozzeck y Marie, su compañera con la que ha tenido un hijo fuera del matrimonio.

Tanto el capitán (un oficial amoral que denigra a sus subordinados) y el doctor (un médico sádico que realiza experimentos clínico para ser inmortal, por lo que es inevitable asociarlo a la figura del nazi Mengele), como Andrés (el amigo de Wopzzeck) están caracterizados como personajes siniestros y calavéricos, con la cabeza pintada de blanco y ropa sujeta con cinturones de cuero y objetos metálicos.

Aunque no hay referencias explícitas a la guerra de Ucrania, no se puede evitar que el imaginario colectivo identifique en esta ópera a Wozzeck con el pueblo ucraniano y al Capitán y al médico con el ejército invasor ruso.

El libreto de esta ópera está basado en la obra teatral homónima de George Bücher, que describe un hecho real sucedido durante las guerras napoleónicas y que Alban Berg, al transformar en ópera, situó en la Primera Guerra Mundial.

El barítono Peter Mattei realizó una caracterización de libro del personaje principal de la ópera, Wozzech, un personaje atormentado, atribulado, sometido por todos sus superiores y con una pésima opinión sobre sí mismo, que ya queda reflejada en el primer acto cuando asegura que "los que son como yo, son desgraciados en este mundo y en el otro".

El cantante noruego, con una voz dúctil y de amplio registro, caracterizó a un diletante personaje, vencido y cercano a la paranoia, que, derrotado moral y socialmente, solo es capaz de mostrar su superioridad a su mujer, a la que es incapaz de perdonar su comportamiento.

Notable estuvo también la soprano Eva-Maria Westbroek, en el papel de Marie, una mujer a la que la pobreza y la exclusión social arrastran a la prostitución. Consciente de que tiene que decirle a su pequeño que "eres hijo de una puta" y de considerarse una persona mala que tendría que morir, tiene sin embargo la valentía de plantar cara a Wozzeck, a quien le dice: "antes un cuchillo en mi cuerpo que tu mano contra mi".

Cumplieron tanto Franz Hawlata (doctor), como Andres Conrad (capitán) y Christopher Ventris (tambor mayor). Muy aplaudido también fue el niño Adrián García por su desenvoltura y por la bella ejecución, junto a la Escolanía de la Virgen de los Desamparados, de los cánticos finales de la obra.

Excelente la Orquesta de la Comunitat Valenciana y su director James Gaffigan, que salieron triunfantes de esta complicada partitura, un desafío para los 96 músicos exigidos por el compositor.

Desconvocada la huelga anunciada por los trabajadores del Palau de les Arts 24 horas antes del estreno, a la representación de esta obra referente de las vanguardias musicales del siglo XX asistió la nueva consellera de Educación y Cultura, Raquel Tamarit.

El público sólo ocupó algo más de medio aforo de la sala principal, aunque al final del primer y segundo acto hubo espectadores que abandonaron sus butacas, aunque los que permanecieron hasta el final aplaudieron con ganas a todos los intervinientes.