EFEBucarest

Cerca de un centenar de niños rumanos entrenan en el Valencia Club de Fútbol de Bucarest, la primera escuela del club en Rumanía, con el sueño de convertirse en futuras estrellas del equipo español.

"Me enteré por Internet de que se abría la academia y me dije a mí mismo que quiero jugar en ese equipo", cuenta Robert Cristescu, un niño de ocho años que lleva el 10 en su camiseta en honor a sus jugadores favoritos, Daniel Parejo, del Valencia, y el gran Lionel Messi, del Barcelona.

Sobre el terreno parece incluso comportarse como su ídolo argentino: se desmarca, regatea con su pierna izquierda a varios adversarios con gran facilidad y lanza un preciso disparo que roza el poste más lejano. Sin duda, calcado a muchos goles de Messi.

"En la escuela, nos han enseñado a colocarnos dentro del campo, buscar el desmarque y rematar a portería", sostiene el pequeño Robert, algo tímido por su primera entrevista como jugador.

Por su parte, su compañero Filip Andrei también desea convertirse en profesional, un sueño al que ayuda su madre, que conduce una hora hasta el lugar de entrenamiento al menos tres veces por semana.

"Lo que más me gusta es la parte de los partidos y que estoy con mis amigos", cuenta Andrei, que juega en el eje central de la zaga.

Apadrinada por dos exjugadores rumanos que dejaron huella en su paso por el Valencia, Adrian Illie y Miodrag Belodedici, la academia de Bucarest abrió sus puertas en septiembre pasado.

El objetivo es trasladar la cultura futbolística del club valenciano a Rumanía y descubrir posibles futuras estrellas.

"Todo comenzó hace dos años con la creación de la Academia Real Sport Atlético de Madrid, con el que nos llegamos a proclamar campeones nacionales en dos categorías. Pero consideramos entonces empezar mejor un nuevo proyecto", cuenta a Efe el gerente de la escuela, Valentin Matei.

En principio, contrataron a tres entrenadores con experiencia con menores, pero la lista de técnicos sigue creciendo con el fin de lograr el objetivo de ampliar la escuela hasta los 500 alumnos.

"Tienes que ser padre, pedagogo, hacer que les guste el fútbol y el resto viene por su cuenta", señala Matei.

"Que los chavales vengan, jueguen por placer, se lo pasen bien, intenten ganar los partidos y disfruten de cada minuto en los que están dentro del campo de juego son nuestras satisfacciones por el momento", señala el máximo responsable de la academia.

Con el lema "formamos futbolistas, educamos a personas" intentan pulir el talento y la actitud de promesas del fútbol en un país que no ha dado una figura de talla mundial desde que se retiró el exmadridista y exbarcelonista Gica Hagi, conocido como el "Maradona de los Cárpatos".

Pero la escuela, cuya matrícula mensual es de unos 42 euros, busca formar a los jóvenes "más allá del fútbol", con el objetivo de que adquieran una conducta adecuada y obtengan al mismo tiempo un buen rendimiento escolar.

"Si un jugador no tiene unos valores sociales determinados es muy complicado que pueda llegar a ser profesional, aunque siempre hay excepciones", explica a Efe Rubén Rodríguez, coordinador de la academia y el encargado de enviar informes a la academia del Valencia.

"En cuanto a lo futbolístico, trabajamos distintas fases del juego, momentos tácticos pese a que es una edad temprana, tecnificación y aspectos mentales también de comprensión del juego del fútbol", asegura Rodríguez, quien subraya que introducen estos aspectos paso a paso para que puedan asimilarlos.

Además, la academia rumana ofrece muchas otras actividades, sociales y deportivas, como visitar la sede del club en Valencia o participar en torneos internacionales.

Precisamente, a finales del pasado año, los niños realizaron una visita las instalaciones de la ciudad deportiva y el estadio de Valencia, además de conocer a los jugadores del primer equipo, y este verano viajarán a Portugal para disputar la competición de fútbol base IBERCUP.

"Son actividades que ilusionan al niño y que son importantes para empaparse de la cultura del Valencia", concluye Rodríguez, que tiene como meta llegar a ser entrenador en un futuro cercano.

Raúl Sánchez Costa