EFEAlfonso Gil València

La crisis actual del Valencia, que dio comienzo bastante antes del parón por el confinamiento del coronavirus, ha hundido al equipo en la décima posición de la tabla, ha borrado las expectativas iniciales de alcanzar la Liga de Campeones y deja las de llegar a la Liga Europa en manos de una imprescindible y sustancial mejoría en el juego y los resultados durante en los cinco encuentros que restan de competición.

La actual temporada está marcada por una primera mitad de la campaña resuelta aceptablemente y con el mejor momento vivido en la clasificación para los octavos de final de la Liga de Campeones como primero de grupo, y por una segunda vuelta en la que el equipo bajó su rendimiento de forma sensible tanto antes del parón como, sobre todo, después.

El equipo que empezó a entrenar Marcelino García Toral, que luego ha dirigido Albert Celades y que ahora está al mando de Salvador González "Voro" acabó la primera vuelta con una victoria en casa ante el Eibar por 1-0 el día 5 de enero.

En el ecuador de la competición, era sexto y, por tanto, ocupaba posiciones de Liga Europa. Tenía 31 puntos y estaba a cuatro del cuarto puesto con ventaja sobre Getafe, Villarreal, Athletic y Granada, rivales que ya le han sobrepasado en la tabla.

El primer síntoma de la crisis se mostró en la Supercopa de España, disputada en Arabia Saudí entre la última jornada de la primera vuelta y la primera de la segunda. Allí el Valencia fue ante el Real Madrid un equipo indolente y sin chispa, anticipo de lo que iba a llegar a continuación.

Sólo una semana después, esta dinámica se confirmó con una derrota abultada a domicilio ante un Mallorca en descenso (4-1) que dio paso a sendas victorias en Mestalla contra el Barcelona (2-0) y Celta (1-0), pero que no pasaron de ser un espejismo, pues el equipo dio un paso atrás, sobre todo lejos de casa, donde solo ha sumado un punto en toda la segunda vuelta.

Los 31 puntos de la primera han dado paso a los quince sumados en la segunda, sazonados con una pobre trayectoria en la Copa del Rey en la que estaba en juego la defensa del título y en la que fue eliminado por el Granada, tras haber superado sin brillo a dos equipos de Segunda B (Logroñés y Cultural Leones).

La eliminatoria ante el Atalanta en octavos de final de la Liga de Campeones, resuelta de la peor manera posible a pesar de las circunstancias condicionadas por el coronavirus en las que se disputó y con ocho goles en contra, son otra muestra de la línea descendente.

En la Liga se sucedían las derrotas abultadas fuera de casa junto alguna victoria ajustada en Mestalla, donde el Valencia, en una de las pocas notas positivas de la temporada, se ha mantenido sin perder hasta el este miércoles frente al Athletic (0-2).

Los quince puntos de los 42 disputados en la segunda mitad del campeonato son un lastre para un grupo que ya ha recibido 48 goles, pero sobre todo son un reflejo de lo más preocupante: la falta de confianza de los jugadores, la incapacidad de crear fútbol e imponer el ritmo que más le interesa en los partidos y la ausencia de oportunidades de gol.

El problema del Valencia es de números, pero éstos no son más que un síntoma de las carencias futbolísticas que en estos momentos tiene el equipo y que contrastan con la calidad individual de futbolistas que hace un año cuajaban una gran temporada y eran campeones de Copa.

La defensa, sobre todo tras la lesión de Ezequiel Garay, ha hecho aguas, futbolistas como Parejo, Ferran Torres, Carlos Soler o Kondogbia están desdibujados y los delanteros no son capaces de aprovechar las escasas ocasiones de gol de que disfrutan, con una sequía de cara a puerta de más de trescientos minutos, en los que ha crecido el debate sobre la filosofía de la propiedad del club y la conveniencia de sus planteamientos para lo que necesita el Valencia.