EFEValència

Aunque la primera impresión al pensar en un bombero y una dependienta, con turnos y sin poder teletrabajar, y con dos hijos menores, es que el confinamiento motivado por el estado de alarma ha puesto sus vidas del revés, Rafa y Encarna sostienen que esta crisis les ha "trastocado, pero no es un caos".

Acostumbrados a lidiar con unos trabajos por turnos y en cualquier día de la semana con poca ayuda externa, Rafa Ibáñez y Encarna confiesan a EFE que las medidas de lucha contra el coronavirus han sido "una faena pero no un cambio drástico" en su afán diario para conciliar vida laboral y criar a Rafa, de 7 años, y a Robert, de 6.

Rafa tiene 43 años y es bombero de València, con turnos de veinticuatro horas para luego librar varios días seguidos, y Encarna, que ahora tiene reducción de jornada, trabaja turnos de cuatro horas de lunes a sábado y hace "de todo" en un supermercado de Burjassot (Valencia).

Hasta la declaración del estado de alarma, su día a día ya era complicado porque ajustaban sus turnos para llevar y recoger a los niños del colegio, y en caso de coincidir ambos un día entre semana echaban mano de "una amiga" o si era un sábado de su hermana u otro familiar, pero "casi nada de ayuda", según Rafa.

Dice que la que lo vive con más "dramatismo" es Encarna porque "se ve infectada todos los días" por su trabajo en un supermercado donde "pasan cientos de personas", a pesar de que trabajan con la protección adecuada de guantes y máscara.

Una vez confinados en casa con los pequeños y con los abuelos, "mayores y alguno algo pachucho", han de recurrir a algún vecino para poder cumplir con sus compromisos laborales o con su hermana que teletrabaja: "Lo hacemos como podemos y cada día vamos viendo", confiesa Rafa.

"Siempre conoces a alguien que te puede ayudar. Es una putada, nos ha trastocado un poco porque los niños no pueden salir de casa pero no es un caos. Es una faena pero como ni venía mi madre ni mi suegra a llevárselos y nos lo comíamos nosotros todo, no ha sido tan drástico", sostiene.

La parte buena es que como les "encanta estar con los niños", aprovechan cada minuto en casa para hacer cosas juntos y se lo pasan "fenomenal", aunque no falta el momento en el que están "castigados", dice entre risas.

Explica que suelen levantarse pronto para desayunar, sobre las 9.00 horas, hacer los deberes que les mandan desde el colegio cada día y que luego tienen que reenviar a los profesores, y un rato "de ejercicio y entrenamiento en familia", ducha y a comer.

"Por la tarde, los mayores descansamos y los pequeños ven un rato la tele, media horita, y luego, juegos de mesa que les gustan, o el Pictionary y vemos "Verano Azul", que a los niños les flipa y nosotros la revivimos", detalla y asegura que ahora coinciden más los cuatro por la reducción de jornada de Encarna.

Su hijo mayor cuenta que se lo está "pasando bien" y está entretenido con todas las actividades que hacen, especialmente "viendo la tele, con juegos de mesa y la tablet", haciendo "toques de fútbol" y gimnasia, aunque también dice que "está aprendiendo mucho".

Su padre señala que como tienen las rutinas "bien cuadriculadas" y "no" paran "de hacer cosas", los niños se levantan y están "bastante bien por las mañanas", aunque a última hora de la tarde noche ya están "un poco exaltados".

"Pensaba que iba a ser peor porque los niños son muy activos, pero una vez te pones a hacer cosas no es tan pesado", admite Rafa, quien asegura que sus hijos "entienden perfectamente lo que está pasando", aunque les tienen que "recordar" lavarse las manos cuando entran de jugar en la terraza. Pero "lo tienen asumido", puntualiza.

Cuenta que un día pilló a su hijo pequeño Robert "con un amiguete teniendo una conversación sobre el coronavirus, que si quedaban cuatro chinos en China, que si los habían encerrado en un castillo para que no se contagiasen; sabían de qué iba el tema", ironiza Rafa.

Mónica Collado