EFEValència

Reinventarse para subsistir. Esta es la filosofía de Jaime Rosa para buscar una alternativa, en el servicio personalizado a domicilio, para mantener a flote su empresa de fruta y verdura, después de que todos sus clientes, restaurantes sobre todo, cerraran de la noche a la mañana por la crisis del coronavirus.

A sus 25 años, Jaime Rosa es el propietario de "Frutas y verduras Yepes", un comercio familiar de venta de productos frescos ubicado en València, cuyos principales clientes eran restaurantes, hoteles y algunos colegios, según explica en una entrevista telefónica con EFE.

Cuenta además con varios campos alquilados en las localidades de Turís, el Perelló (Sueca) y Picassent, en los que cosecha todo tipo de frutas y verduras, con las que abastece parte de su negocio.

Sin embargo, el cierre "de la noche a la mañana", primero de los colegios y después, con la declaración del estado de alarma, de todos los restaurantes, debido a la crisis del coronavirus, le ha dejado sin clientes y con unas facturas pendientes de pago que van de los 12.000 a los 18.000 euros.

"No entran ingresos de ningún tipo", lamenta este joven comerciante a quien se le acumulan las facturas por pagar y los cobros pendientes de clientes, que le dicen que no podrán pagarle hasta que esta crisis pase, pues ellos tampoco están facturando nada al haber tenido que cerrar sus negocios.

Ante esta situación, Jaime Rosa ha tenido que "reinventarse a la fuerza", con el fin de tratar de cubrir, al menos, los gastos que tiene. "Somos comprensivos con los clientes que tenemos", señala, pero también afirma que necesita ingresos para afrontar sus facturas.

Por ello, ha optado por ofrecerse a conocidos, sobre todo a personas mayores o vulnerables, que no pueden o no quieren salir de sus casas por miedo al contagio de la COVID-19, para hacerles la compra y acercársela al domicilio.

Los interesados le mandan por WhatsApp la lista de la compra y él se encarga de llevarles, al día siguiente, todos los productos, para lo que acude no solo a su comercio, sino también a supermercados y a proveedores directos de carne y pescado, lo que le permite lograr unos precios más competitivos.

Jaime Rosa compra el producto fresco en la subasta de pescado y en los mataderos y le añade entre 20 y 40 céntimos al precio final, que equivaldría a lo que se paga por estos alimentos en el supermercado. Con esto puede, al menos, cubrir parte de los gastos de este nuevo trabajo.

De momento, no cobra nada por los portes, pues entiende que es una ayuda que presta a personas que están en una situación complicada y que no puede salir de su casa, aunque a partir de ahora empezará a cobrar cinco euros por aquellas compras que no superen los 50 euros.

"Necesito cubrir, al menos, el gasto de gasolina que suponen estos repartos", señala, pues de momento cuenta únicamente con cuatro o cinco clientes, con los que no va "para adelante" y necesita contar con más pedidos "para por lo menos poder subsistir".

Carla Aliño