EFEValència

El arreón de la segunda vuelta, en la que el Valencia mejoró prácticamente todos sus registros, se convirtió en la gran baza del equipo para alcanzar la próxima Liga de Campeones a pesar de solo haber estado en las dos últimas jornadas en la cuarta posición del campeonato.

Fue un remontada propia de los metros finales de un atleta que viene de atrás o del ciclista que aparece en un sprint cuando casi nadie le espera lo que dio al conjunto valenciano un premio ratificado con tres triunfos en las tres últimas jornadas.

Tras caer ante el Eibar en casa en la jornada 35, al Valencia le hacía falta sumar los nueve puntos que restaban en una campaña en la que no sabía lo que era ganar tres encuentros consecutivos.

Lo logró y con 35 puntos tras el ecuador de la competición un equipo que cerró la primera vuelta en undécima posición escaló, paso a paso, en la tabla al añadir once victorias a las escasas cuatro que llevaba a mitad del campeonato.

Redujo de once a cinco los empates que habían sangrado al equipo en una primera vuelta intrascendente y añadió épica al ascenso con tres derrotas muy cerca del final del torneo que casi convertían en inalcanzable el cuatro puesto que se había marcado el club como objetivo al inicio de la temporada.

Duplicar el número de dianas a favor y mantener prácticamente el mismo de goles en contra fue la última clave para un Valencia que consiguió lo que no acostumbraba a lograr un equipo dirigido por Marcelino: ser mejor en la segunda vuelta que en la primera.

Para alcanzar el éxito final, el técnico partió de la premisa de la dosificación del esfuerzo entre los futbolistas, que la temporada es intensa al haber llegado el equipo a semifinales en la Liga Europa y en la Copa del Rey, en las que les espera la final del sábado ante el Barcelona.

Han sido, hasta la victoria en Valladolid de este sábado (0-2), sesenta encuentros en la que la repetición de alineaciones ha sido una excepción. El meta Neto, el lateral Gayà y el capitán Parejo son los únicos que apenas han tenido descanso en un equipo que en la Liga ha mostrado un planteamiento muy definido.

El compromiso de Marcelino con el 4-4-2 es histórico y esta temporada no ha sido una excepción con el objetivo de tratar de sorprender al rival al contragolpe y sin que le importara en exceso que el rival le aventajara en la posesión de la pelota.

Cuando el contragolpe no podía ser rápido, el balón pasaba por Parejo. Si era posible lanzarlo a los hombres veloces del ataque, tanto el portero como los defensas trataban de hacerlo.

La fortaleza defensiva ha sido otra de las claves de un equipo sobrio y que ha recibido pocos goles, aunque esta dinámica ha tenido excepciones en los últimos encuentros, ya antes de viajar a Valladolid, el Valencia había recibido gol en los ocho partidos precedentes.

Fueron doce tantos que provocaron tres derrotas y que hicieron pensar que el Valencia era menos fiero de lo que demostró en sus tres últimos choques, ganados con solvencia y que convirtieron al que venía por detrás en el cuatro equipo del campeonato.

Alfonso Gil