EFEValència

El plan urbanístico del Ayuntamiento de Alboraya (Valencia), que afecta al 264.000 metros cuadrados, de los que al menos 100.000 son de huerta productiva, y que diseña el desarrollo del pueblo para las próximas décadas, está bloqueado por el desacuerdo entre el gobierno municipal socialista y el resto de los partidos y, a pesar de años de negociaciones en la Generalitat y Les Corts, parece destinado a decaer definitivamente.

El Gobierno del Botánic prolongó el pasado 8 de febrero, por un año, la vigencia de la memoria ambiental del Plan General Estructural (PGE) de Alboraya.

El colectivo Per L`Horta denunció que la prórroga implica un "balón de oxígeno a un proyecto que supone la destrucción de 264.000 metros cuadrados de cultivos en plena producción para su recalificación como suelo urbanizable”.

Lo cierto es que, si se tienen en cuenta los trámites, el tiempo disponible para alcanzar el consenso es de unos seis meses. Después, el plan decaerá y para hacer uno nuevo serán necesarios muchos años de nuevas negociaciones y trámites, asumen desde el Ayuntamiento.

Y todo parece indicar que el alcalde socialista, que ganó las elecciones con este plan encima de la mesa y que aprobó una primera versión en otoño de 2019 con el PP, no va a lograr una mayoría suficiente para mantener vivo el proyecto. Cuenta con nueve concejales y son necesarios al menos once, que ningún otro partido parece dispuesto a poner a su favor, para darle el impulso definitivo.

El proyecto parte de otro, mucho más invasivo para la huerta, que promovió el PP en 2011. Los socialistas dicen que solo se basan en aquella propuesta para aprovechar los permisos que logró, evitando de ese modo un retraso de años.

Miguel Chavarría, el alcalde, defiende que su propuesta es en realidad la única viable para hacer compatible el necesario desarrollo del pueblo, que necesita dotaciones, como nuevos centros educativos y un parque público, con la protección de la huerta.

Así, explica a EFE que “nos gustaría conocer los motivos de otros partidos para no apoyar el plan, que debería salir con unanimidad o casi, con los extremistas fuera. No sé en qué punto el crecimiento no es el adecuado. Nos hemos acoplado a la Generalitat, a la huerta … una vez ajustados ahí, los pueblos necesitan crecer. No puedo evitar pensar en que detrás de algunas negativas hay intereses particulares. En cuanto alguien piensa en su interés particular, este bloqueo se explica mejor”.

Ana Bru, concejala socialista, explica por su lado que “en total, contando parque, contando colegios… que son dotaciones que legalmente estamos obligados a hacer y que el pueblo necesita, son algo más de 250.000 metros. Pero de huerta de verdad, huerta productiva, se verán afectados solamente unos escasos 100.000 metros cuadrados, sobre más de seis millones que quedan protegidos”.

La huerta de Alboraya soporta una gran presión urbanística. Un ejemplo de ello es la pérdida de unos 65.000 metros cuadrados para la ampliación de los accesos norte a València que debería estar lista a lo largo de 2021. Esto hace que una parte del pueblo, esté en contra del PGE del Ayuntamiento.

Por ejemplo el colectivo Per L`Horta, que ya destacó en su oposición a la ampliación de la entrada norte a València. Con el mapa del PGE en la mano, LLuis Fontelles, portavoz de este colectivo en Alboraya, señala el número exacto de metros cuadrados afectados: “que no nos engañen, son 264.000 metros cuadrados”.

“El plan responde a un modelo de urbanismo continuista de las últimas décadas, que ha convertido en solares asfaltados, y sin edificación, mucha tierra de huerta. Un modelo caduco, del que ya hemos visto los resultados. No hay regeneración de espacios, sostenibilidad, es lejano a los labradores… y no ha sido fruto de la participación, porque participar no es poner encima de la mesa la paella hecha y después pedir la opinión, sino cocinarla entre todos”, explica.

En cuanto a las dotaciones que el pueblo necesita, reconoce que “necesitamos un instituto de secundaria, una escuela de educación infantil… pero si el plan de 1991 hubiera cubierto esas dotaciones, no nos veríamos así”.

Las cosas, según el alcalde de Alboraya, son sin embargo más complejas: ni el plan es solo socialista, porque lleva años negociándose, con la aprobación del Botánic, incluidos altos cargos de Compromís, y de Les Corts (dentro de un marco legislativo más amplio que incluye a otros municipios), ni es contrario al medio ambiente, sino al contrario, dice.

Pero, sobre todo, arguye, es necesario, y nadie pone encima de la mesa una alternativa que evite que Alboraya y su huerta vean bloqueado su futuro durante los próximos años. "El error de haber hecho en camino en solitario es de ellos", responde Fontelles.

Francisco Tomás-Valiente