EFEValència

El desmoronamiento de la presa de Tous (Valencia) a consecuencia de unas lluvias torrenciales, conocida popularmente como la pantanada de Tous, cumple este miércoles 39 años, todavía con reclamaciones por parte del Instituto de Crédito Oficial (ICO) a 67 damnificados de deudas pendientes de resolver.

La catástrofe se produjo poco después de las siete de la tarde del 20 de octubre de 1982, cuando las lluvias de intensidad torrencial que dejaron hasta mil litros por metro cuadrado reventaron el embalse y las aguas desbordadas del río Júcar inundaron la comarca de La Ribera, dejando ocho fallecidos, miles de damnificados y unos 300 millones de euros en daños.

Para poder atender esos daños materiales, el ICO concedió préstamos, sobre los que en 1993 y en 1995 se promulgaron sendos reales decretos leyes por los que los damnificados que se acogieron a ellos de forma voluntaria -cerca de 1.100- recibieron indemnizaciones para pagar los préstamos.

También en 2008 el Consejo de Ministros acordó condonar totalmente los préstamos que no superaran los 1.500 euros, y para los casos en que superaron esa cifra se decidió condonar el importe referido a los intereses, si bien todavía hay 67 personas que tienen pendiente de resolver la devolución de sus préstamos.

El subdelegado del Gobierno en Valencia, Luis Felipe Martínez, ha explicado a EFE que el ICO les ha comunicado el número de personas que están en esa situación, pero por la ley de protección de datos no les pueden informar de quiénes son, ni informarles del importe global que adeudan.

No obstante, ha indicado que el Ayuntamiento de Alzira se ha dirigido a la Delegación del Gobierno para pedir su ayuda, por lo que hay afectados en ese municipio, y ha señalado que si el Consistorio consigue recoger los expedientes está dispuesto a ir al ICO para mediar y conseguir que se les aplique el acuerdo de 2008.

Luis Felipe Martínez, quien en 1982 también trabajaba en el entonces Gobierno Civil de Valencia, explica que por aquel entonces fue personalmente al ICO a llevar muchos expedientes y rememora que la pantanada fue "una barbaridad, un accidente imprevisto completamente y gravísimo, que aunque ahora se vea de lejos dejó una cantidad de afectados enorme".

Ha recordado la anécdota de que el presidente del Gobierno cuando ocurrió el desastre, Leopoldo Calvo Sotelo, que era ingeniero de caminos, llamó al Gobierno Civil de Valencia para preguntar qué había pasado y cuando se le dijo que se había desmoronado la presa afirmó que no se podía romper. "Pues presidente, está todo inundado", le respondieron.