Una modesta casa de dos pisos, a escasos metros de la estación de metro de Southfields, desde donde se percibe con nitidez el ruido de los trenes, acoge desde hace nueve años por estas fechas a Roberto Bautista, que este viernes, y con 31 años disputa por primera vez en su carrera las semifinales de un Grand Slam en Wimbledon.

Allí, a unos cinco minutos en coche de las pistas del All England Club, se refugia el jugador de Castellón, un amante de los caballos, propietario de una yeguada, hombre tranquilo y sereno que desde que en 2010 arribó por primera vez a este torneo, cuando cayó en la segunda ronda de la fase previa contra el estadounidense Taylor Dent, ha usado siempre este mismo alojamiento.

Fiel a sus costumbres, Bautista no ha querido romper con esa tradición y mantiene el hábito de alojarse en esa casa, propiedad de Louise, donde la presencia de numerosos juguetes repartidos por las estancias denota que vive también un niño, Alfie, hijo de la dueña. El ambiente "es muy familiar y con el paso de los años se ha hecho entrañable", comenta a EFE una persona del entorno del tenista.

Roberto comenzó entonces alquilando solo una habitación para ir ampliando su espacio a medida que su equipo crecía. Este año comparte el recinto, que posee un jardín posterior, a la usanza en esa zona, con su novia Ana Bodi Tortosa, con la que se casará en noviembre, su entrenador Pepe Vendrell y su preparador físico Daniel Peris.

Será la tercera boda de un tenista español este año, con Feliciano López contrayendo matrimonio con Sandra Gago el 20 de septiembre, y la de Rafael Nadal con Maria Francisca Perelló este otoño.

Como hace años, cuando la ocupaba solo, Roberto cocina a veces en la casa, acompañado en ocasiones por Louise, relajándose preparando platos. Esta vez su estancia es especial y su gran actuación en Wimbledon le ha hecho posponer planes, en concreto su despedida de soltero y la fiesta que tenía prevista con sus mejores amigos, en Ibiza.

Desde allí, los mejores colegas de Roberto han decidido que deben suspender todo y estar al lado de su mejor amigo, apoyándole en su duelo contra el serbio Novak Djokovic. Para eso han viajado precipitadamente para acompañarle este viernes en la pista central del club a partir de las 13.00 hora local, por delante del duelo entre el español Rafael Nadal y el suizo Roger Federer.

Cuando este viernes Roberto salga de la casa de Louise, lo hará portando sus pesadas bolsas en las que se puede encontrar de casi todo, desde un bote de magnesio para mejorar el agarre de la raqueta, a crema de protección para el sol, una cajita donde guarda dátiles y almendras, su neceser de aseo, esparadrapo y tiritas, un cortauñas, y alguna pastilla antiinflamatoria, por si acaso.

Por supuesto, también sus raquetas Wilson Pro Staff, ropa de deporte, cascos de música para cuando hace fisio, el pasaporte, la cartera, y hasta un bolígrafo. Todo un arsenal con el que espera regresar luego con el resultado más importante de su carrera, haber llegado por primera vez a la final de un Grand Slam.

Miguel Luengo