EFEConcha Tejerina València

El catedrático de Psiquiatría de la Universitat de València y comisionado de la Generalitat para la Salud Mental, Rafael Tabarés (Bilbao, 1963), asegura en una entrevista con EFE que teme a la soledad, que le gusta escuchar a Chopin y leer ensayo, y confiesa que si no se hubiera dedicado a la Psiquiatría le habría gustado ser cosmonauta.

PREGUNTA: ¿Cuál es la frase o personaje que más le ha marcado en su vida personal o profesional?

RESPUESTA: Nietzsche, sin duda, quisiera ser un poco Zaratustra e irme a sermonear a ... con una túnica que me dejara entrar el fresquito por ahí abajo.

P: ¿Cree en algo o en alguien?

R: Creo ... en Spiderman, tontolculo gafotas al que las tías de clase ni veían y que luego podía rescatarlas de la calamidad envuelto en unas mallas de licra. Sin Spiderman, ¿dónde estaríamos ahora todos los friquis de bachillerato?

P: ¿Tiene preferencia por algún libro o género literario?

R: Prefiero leer ensayo, para averiguar la cosa de estar vivo, esta broma cruel; las ficciones no me interesan porque rara vez superan la realidad.

P: ¿Cuál ha sido el último libro que ha caído en sus manos?

R: Un ensayo sobre la cultura de salud mental que ha conseguido sorprenderme y me ha llenado la cabeza de pájaros. Se llama así, 'Pájaros en la cabeza'. De un psicólogo joven y lleno de buenas ideas para la cosa de la salud mental, fresco y descontaminado, con alma, que es difícil de encontrar. Se llama Javier Erro.

P: ¿Cuál es la música que prefiere escuchar?

R: Chopin, soy un romántico. Me hubiera encantado tener los pulmones agujereados de bacilos tuberculosos y exhalar una letanía que conmoviera a la humanidad para siempre. Con poder tocar alguno de sus 'Nocturnos' me conformaría.

P: ¿Si no se hubiera dedicado a la Psiquiatría ¿qué le habría gustado ser?

R: Si no psiquiatra ... cosmonauta, para ver a las personas y sus problemas lejos e inofensivos, como hormiguitas gritonas, y para flotar en la intemperie como si no me hubiera pasado con el plato de cocido.

P: Cuando tiene un minuto libre ¿con qué o quién le gusta pasarlo?

R: Un minuto libre es para ir al monte con mi perra y mi mujer si no se queja mucho, subo como un gato hasta las atalayas y me creo por un instante desde arriba que el mundo es abarcable, que cabe en mis manos, que soy otra vez un chaval. La bajada es la cruda realidad, a veces ruedo como una pelota, pero merece la pena, ese dolor me dice que soy idiota y que nunca voy a madurar lo suficiente.

P: Sorpréndanos: el día menos pensado...

R: Me voy a una isla y me dejo la barba hasta las pelotas, tiro el móvil por una pared caliza de Menorca y hago un ritual de despedida que tiene que valerme como el despegue de la Discovery, aunque no sepa hacer otra cosa que ladrar como la perra Laika.

P: ¿Qué prefiere, series de televisión o cine?

R: Cine, sin dudarlo. Las series me enganchan como las personas y los animales, luego voy detrás de ellas con la lengua fuera.

P: ¿Alguna mascota, en la actualidad o durante su infancia?

R: Mi perra Noa, que me llenó la cocina de mierda el primer año y también de culpa, porque en respuesta la ataba con una cadena al radiador. Nunca más seré cruel con un ser vivo, aunque me cague en la cara. Ahora le pongo migas a las palomas y cotorras en la ventana de mi cocina; mi primera conversación del día es con ellos, mi hija dice que parezco Blancanieves, pero me inspiran las mejores ideas del día.

P: ¿Qué es lo que más odia?

R: La gente que vive del cuento. Yo vivo del cuento, porque reescribo las historias de la gente para que sea menos infeliz, pero al menos aviso de antemano, y no me molesta que se me note.

P: ¿Y lo que más ama?

R: Una botella de ... y las personas que quiero para compartirla.

P: ¿Alguna manía o superstición?

R: La tortilla un poco cruda, el huevo goteante, de forma que me manche hasta la punta de la barba, la tengo blanca y demasiado respetable. Freud es mi maestro, pero no quiero parecerme demasiado.

P: ¿Teme a algo o a alguien?

R: El abandono, como todo el mundo; no intento ser original en mis miedos, si me dejan solo me quedo aullando de dolor en casa, como un lobito.

P: ¿Tiene tiempo para practicar algún deporte?

R: Tengo tiempo para apuntarme a un gimnasio, pagar varias cuotas, comprarme una mochila nueva y un par de chándales y no llegar ni al vestuario.

P: ¿Colecciona algo?

R: Juguetes de plástico que mi perra va encontrando por el parque. Me da subidón cuando trae un animalito de goma o una apisonadora amarilla con palas articuladas, no tuve ninguna de ésas cuando era pequeño.

P: ¿Cómo se desenvuelve en la cocina?

R: Mis hijos están deseando que les deleite otra vez con mis lentejas ladrillo del confinamiento, hicieron vídeos que hacen partirse de risa a sus amigos.

P: ¿Su plato favorito?

R: Las cocochas de merluza, receta de mi madre, para imaginar que vuelvo a tener 10 años y vuelvo a apiñarme en aquella cocina que teníamos en Bilbao.

P: ¿Cuáles son sus aficiones?

R: Pasar el domingo en la cama como si estuviera muy malito y solo los libros pudieran bajarme la fiebre.

P: ¿Algún sueño por cumplir?

R: La pregunta está al revés: ¿cuántos sueños cumplidos hay que proteger?, ¿acabaremos algún día con los rompesueños? Ese es el sueño de los sueños.

P: ¿Cómo quiere que le recuerden?

R: Con que no me pelen demasiado, es suficiente; y si tienen un mundo mejor del que yo me encontré, lo van a disfrutar tanto que para qué acordarse de este comecocos.

P: ¿Qué lugar elegiría para perderse?

R: Me pierdo en cualquier parte, no importa el lugar, basta con que se me vaya el santo al cielo delante de la pantalla, escuchando a algún idiota o haciendo como que estoy muy muy concentrado y soy muy serio.

P: ¿Qué tres cosas se llevaría a una isla desierta?

R: La isla desierta esa debe estar ya petada de tanta gente que se ha llevado sus tres cositas; no me seduce mucho, debe tener ya chiringuitos con altavoces, bigotudos en tanga, ballenas de toda índole y olor a sofrito.

P: ¿Prefiere playa o montaña?

R: Soy versátil, entre el lodo de un río helado y la posidonia del Mediterráneo se me ha pasado la vida y no me he decidido. La vida pasa volando, disfruta donde caigas. Intenta bracear un poco allá donde vayas, sacar cabeza.

P: ¿Qué planes tiene para el verano?

R: Que el verano se parezca lo más posible al invierno, pero sin tanto móvil; navegar entre abuelos, adolescentes y yo mismo, que soy el más duro de aguantar cuando me calzo el tanga de licra.

P: Su vida profesional ha sido y es bastante intensa, ¿qué hace para desconectar?

R: Miro vídeos de YouTube, tutoriales de navegación en globo, desde arriba quizá lo que hago aquí resulte pequeñito e inofensivo.

P: ¿Es más amigo de las nuevas tecnologías que de la época analógica? ¿Se mueve bien en las redes sociales?

R: No soy amigo ni enemigo, las nuevas tecnologías son como el agua corriente, el traje con el que te vistes para salir de casa: las asumo y soporto, pero no me muevo en redes; no tengo nada que vender, ni a mí mismo.

P: ¿Cuál es su secreto inconfesable?

R: Vais a tener que buscar a mi mujer y preguntárselo a ella, por un puñado de los grandes os lo soltará ... EFE

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