EFEAlicante

Dos periodistas ilicitanas, Beatriz Lara y Gloria Molero, dedicaron dos años a recoger testimonios de un "trabajo femenino ignorado, escondido y maltratado", el de las montadoras o aparadoras de calzado del entorno de Elche (Alicante), pero también de otras zonas zapateras de la provincia como la Vega Baja o el Medio Vinalopó.

Una selección de 21 de esas entrevistas aparece ahora recopilada en 'Aparadoras. Las mujeres que fabrican tus zapatos', un volumen publicado por la editorial Libros.com.

La idea nació de "las historias que estaban empezando a surgir" entre las mujeres que habían dedicado su vida al montaje del calzado en fábricas, talleres clandestinos o en sus propios hogares y que "comenzaron a asociarse para pedir reconocimiento y luchar contra el silencio", explica Lara a Efe.

La mayoría de los testimonios del libro "son de mujeres que están a punto de jubilarse o que han preferido permanecer en el anonimato", continúa la periodista.

Las aparadoras en activo "tienen miedo, saben que si hablan o dan la cara, pueden quedarse sin trabajo para toda la vida", añade Molero.

Las experiencias recogidas "son una especie de recorrido histórico en torno a las máquinas de coser", señala Molero, quien ha explicado que van desde anécdotas "como la de una mujer que vivió en 23F junto a la máquina, sin dejar de aparar" hasta historias silenciadas de "problemas de salud causados por los elementos químicos usados en la cola de pegar, acoso sexual o ejemplos de empleo ilegal de menores".

Pero, sobre todo, el libro da cuenta de la "precariedad y las mínimas condiciones laborales" de una labor escondida "en la economía sumergida".

"La mayor parte de las aparadoras consiguen este trabajo a través de contactos cercanos", prosigue Lara, "muchas veces los empleadores son familiares" de manera que "es una manera de disponer de dinero propio y también ayuda a completar el salario familiar".

Los honorarios son bajos, casi siempre en negro, "y se pactan directamente con empresarios o intermediarios, no en un grupo sindicado".

Históricamente, las aparadoras, que se encargan de todo el montaje de un zapato excepto el de la suela, han sido "mujeres con bajos niveles educativos que pasan horas sentadas ante la máquina y que también se ocupan de los hijos y de la casa".

Carecen de contratos y de seguridad social, por lo que una vez que se jubilan "se convierten en mujeres empobrecidas y sin independencia económica" condenadas a "vivir de sus hijos, a depender de sus maridos o a seguir trabajando" tras su retiro.

La sociedad, además, silencia un gremio que todo el mundo conoce pero del que nadie habla, especialmente en Elche.

"Las instituciones, los empresarios, la sociedad, niegan la existencia de esta economía sumergida", lamenta Lara, "pero todos han oído las máquinas tronando a las cinco de la tarde por los patios de luces" de toda la ciudad.

A su juicio, se trata de uno de los grandes problemas "del sur de la provincia de Alicante" puesto que "la economía sumergida no es específica del calzado, en muchos empleos cualificados te ofrecen cobrar parte del salario en negro", asegura Lara, quien lamenta que se vea "normal porque si no coges tú el trabajo, otro lo hará".

Las dos autoras del libro, que ya se puede obtener en la web de la editorial, coinciden en que el oficio de las aparadoras tiende a desaparecer: "La nueva generación de empresarios ha modernizado los procesos" de confección del calzado, con lo que "una aparadora ya no es rentable, aunque trabaje doce horas diarias por 400 euros al mes".

Además, "las mujeres de nuestra generación", ambas periodistas nacieron en los 90, "ya prefieren irse fuera o dedicarse a la hostelería" porque "hemos crecido viendo cómo se sufre" con el calzado, declara Molero.

"Si los empresarios quieren continuar empleando a aparadoras, tendrán que cambiar las condiciones de trabajo", sentencia la periodista.

Todo ello conduce "a la desaparición de un oficio artesanal" y de "unos conocimientos tradicionales de todo el proceso que son muy útiles" debido a que la experiencia de estas mujeres, ha opinado Lara, "no podrá ser sustituida por máquinas automáticas". EFE

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