EFEValència

Un transportista valenciano, Paco Boscá, ha lamentado las perspectivas negativas que afronta a partir de esta semana, con solo un viaje previsto y ninguno más a la vista para hacer reparto de recipientes para paellas, cuando los negocios de venta a los que se destinan están cerrados.

La primera semana del estado de alarma ha trabajado “bien” a pesar de los inconvenientes que ha supuesto para los transportistas el cierre de las instalaciones de aseo de las estaciones de servicio.

“Desde Valencia hasta Madrid todas estaban cerradas, las estaciones solo vendían pan y café”, ha explicado a EFE.

Pero para la segunda semana con el estado de alarma en vigor únicamente tiene un viaje previsto, a Alicante, y después, se pregunta, “¿dónde vas a ir con todo el comercio cerrado?”.

Las expectativas de este transportista son un ejemplo de la situación de un sector que, a pesar de que no ha sufrido las restricciones de circulación por el decreto del Gobierno, también atraviesa por un mal momento económico.

“Estos días he ido a almacenes pero ese trabajo es presencial y cerrarán. Estamos en un ay”, ha asegurado, para añadir que los fabricantes también tendrán que dejar de producir si no dan salida a los productos.

Como autónomo, apela a las medidas del Gobierno para aplazar los pagos pero se muestra desconfiado al asegurar que “del dicho al hecho, hay un trecho” y una pequeña empresa necesita medidas contundentes que vayan más allá de la duración de la crisis del coronavirus y se puedan aplazar los pagos también cuando pase la actual situación.

Inma Martínez