EFECastelló

Una cooperativa histórica rehabilitada y convertida en museo del vino, la recuperación tras una investigación del vino Carló -que prácticamente había desparecido pese a que se comercializaba desde el siglo I a.C.-, un molino de aceite y otro de harina, son ejes de un proyecto para rescatar el patrimonio cultural e histórico de Sant Mateu, capital del Maestrat de Castellón.

Un proyecto poliédrico y multidisciplinar impulsado por las Bodegas Besalduch Valls & Bellmunt y que no se conforma con ser productor de una tirada limitada de vinos y de aceite de olivos milenarios, sino que pretende ahondar en la tradición agrícola de la comarca y ponerla en valor través de las principales columnas de su historia económica y enológica.

La cabeza del gerente de Besalduch Valls & Bellmunt, Josep Maria Bellmunt, "no para". Explica a EFE que este proyecto parece no tener fin, por las posibilidades que da el espacio físico y por los recursos naturales que ofrece una tierra como el Maestrat.

El proyecto nació "de casualidad", señala, porque pese a que su familia poseía fincas en Sant Mateu, él se dedicaba a otro sector completamente ajeno, como es el de la asesoría fiscal. "Pensamos en recuperar las oliveras de la familia y unas fincas yermas, en las que tuvimos la idea plantar cuatro cepas para hacer un vino", añade.

Primero se empezó a comercializar el aceite de farga milenaria, variedad tradicional del Maestrat, ya que la producción de olivas fue más fácil de recuperar, mientras que las primeras cepas se plantaron entre 2008 y 2010 y ahora ya han alcanzado una producción de 30.000 botellas anuales, una cantidad "pequeña" que no pretende crecer sino ofrecer productos únicos y con alto valor añadido.

Cuando las cepas empezaron a dar uva aún no tenían bodega y, "en lugar de construir naves nuevas, optamos por aprovechar la ocasión de rescatar la antigua cooperativa de Sant Mateu, cerrada desde 1985 y deteriorada", aunque con unas posibilidades casi infinitas al contar con imponentes naves y más de 170 cavas subterráneas.

"No dudamos porque el valor añadido de la historia no tiene comparación con un edificio nuevo" y, primero en régimen de alquiler, comenzaron a restaurar las instalaciones hasta que en 2013 finalmente pudieron comprarlas y continuar con el proyecto.

Fue en 2018 cuando se inauguró el Museo y Centro de Interpretación del Vino, con maquinaria agrícola antigua, objetos, herramientas y documentación que ha sido adquirida o donada por vecinos y agricultores de la zona y que "ha despertado la emoción y el sentimiento en el corazón de la gente de Sant Mateu al ver un edificio completamente rehabilitado y con tantas historias y anécdotas escondidas entre sus paredes".

Así se pone al alcance de los visitantes el legado de una cooperativa que fue una de las más grandes e importantes de la Comunitat Valenciana, llegando a vinificar más de 7 millones de kilos en sus más de 2.000 metros cuadrados.

Sobre sus vinos, que tienen vocación de "calidad", nacen de su finca les Llomes, donde se "miman en sus 12 hectáreas las variedades de Macabeu, Tempranillo, Merlot, Syrah, Sauvignon Blanc, Moscatell, Chardonnay, Cabernet Sauvignon y Garnacha tinta" para crear blancos, tintos y espumosos.

Además cuentan con dos productos "especiales", como son el "Dolcet" y el Vi Carló de Sant Mateu, un tinto vinificado al estilo de la época romana, de alta graduación y un poco abocado.

Sobre el Carló, Besalduch explica que se llevó a cabo una investigación junto a la Universitat Politècnica de València para "rescatar su historia y su composición".

Vino comercializado desde el s.I a.C. hasta el s.III desde los puertos del levante hispano y que junto con la lana fue el principal motor económico para la Orden de Montesa, con sede en Sant Mateu.

Casi desaparecido en la Edad Media, este vino asomó de nuevo al mundo en la época pre renacentista y llegó a ser muy estimado en el siglo XIV, por lo que empezó a exportarse desde Benicarló, Vinaròs y Salou y alcanzó su auge comercial desde el siglo XVI al XVIII, estando presente en las mejores mesas de Europa y también de Argentina, Uruguay y otros países hispanoamericanos.

Por otro lado, se ha habilitado también un Centro de Interpretación del Aceite del Maestrazgo con la recuperación de un molino que fue fundado oficialmente el día 20 de enero del 1933 y que funcionó ininterrumpidamente 56 años hasta 1989, cuando quedó cerrado con toda la maquinaria y aperos intactos hasta hoy.

El tridente museístico se completa con el museo de la harina que se podrá visitar próximamente. Recupera un edificio "histórico y emblemático" adosado a las propias murallas de la población que fue uno de los dos molinos de harina y sémola de Sant Mateu.

Las ideas "no se acaban nunca", destaca el empresario, quien apuesta por conducir el negocio hacia un espacio cultural, que no solo ofrezca los museos, catas y visitas de eno y oleoturismo, sino también un lugar en el que se celebren conciertos -al contar con muy buena acústica- y se expongan obras de distintos artistas para "unir modernidad y tradición".

Rosabel Tavera