EFEValència

La creación de escenarios digitales para situar a las muñecas en tiendas, campos o casas, o la posibilidad de animar las imágenes que aparecen al resolver un puzzle o un rompecabezas son solo algunas de las posibilidades que ofrece la incorporación de la inteligencia artificial al juego y que explora el Instituto Tecnológico del Juguete, AIJU.

Este centro tecnológico, que forma parte de la Red de Institutos Tecnológicos de la Comunitat Valenciana (Redit) está desarrollando el proyecto Multisectorial AI Platform, que pretende poner a disposición de las empresas bibliotecas de recursos digitales para poder convertir juegos de mesa, muñecos, cocinas para niños o incluso triciclos en juguetes inteligentes.

Así lo explica en una entrevista con EFE el responsable del proyecto, José Carlos Sola, que explica que el proyecto parte siempre de juguetes físicos que ya están en el mercado y se combinan con tecnologías como la inteligencia artificial para conseguir “que la combinación de juego físico y digital ayude a desarrollar más la imaginación”.

“Queremos ayudar a las empresas a que sus juguetes sean más atractivos, interactivos y alargar su vida útil”, asegura Sola, que explica que, para ello, la mejor opción por su sencillez es la realidad aumentada”: “Basta con que cojas un juguete físico, lo escanees con tu teléfono o tableta, y ya puedes jugar con él de forma interactiva”.

Esa combinación permite, por ejemplo, la creación de escenarios virtuales en los que se pueden integrar juguetes físicos, con lo que, por ejemplo, “si un niño juega a que su muñeca se va de compras, puede crear el escenario de la tienda”, o si utiliza una pistola de juguete “la tecnología puede recrear un escenario al estilo de las películas del Oeste”.

Pero la inteligencia artificial no solo puede hacer más atractivo el juego, sino también aportar información valiosa sobre el estado de ánimo de los niños y niñas mediante la técnica del análisis de sentimientos, que puede incluso alertar de posibles casos de acoso escolar o de problemas familiares.

“Para conseguir esa información, la opción más sencilla es integrar un chatbot en el juego, un sistema que interactúa con el niño y le pregunta qué tal está o cómo se siente y luego pasa un resumen de las respuestas a su familia”, afirma el responsable de Multisectorial AI Platform, proyecto financiado por el Instituto Valenciano de Competitividad Empresarial (Ivace).

Pero la propia creación de escenarios también puede hacer saltar las alarmas, como explica Sola: “Del mismo modo que si ves un dibujo infantil donde todo es negro o las personas salen con cara triste, los escenarios vrituales sombríos u oscuros pueden indicarle a la inteligencia artificial que podemos estar ante un problema”.

Por otra parte, esta tecnología permite mejorar la experiencia del juego, por ejemplo, ofreciendo recompensas cuando se completan tareas, un campo en el que Sola destaca un proyecto para “animar los puzzles una vez que se completan, de modo que, si por ejemplo es un puzzle de animales, estos cobran vida, se mueven y emiten sonidos” en una pantalla de teléfono o tableta.

Además, la inteligencia artificial puede “adaptar el juguete al niño” e incluso aprender del modo de juego, como en el caso de una batería de juguete en la que AIJU ha conseguido que se pueda tocar una partitura digital que va aumentando de dificultad a medida que se acierta con las notas.

Todo ello “multiplica las posibilidades de aprendizaje”, asegura Sola, que se refiere a otro ejemplo: un triciclo con una tablet en el manillar con un juego interactivo para que los niños avancen por un parque de seguridad vial y aprendan las señales de tráfico. “Y todo ello sin mover físicamente el triciclo, solo girando el manillar, lo que todavía hace el juego más seguro”, apunta.

Los niños pueden incluso aprender sobre una alimentación saludable, con realidad aumentada aplicada a una cocina de juguete y una aplicación que indica el valor nutricional de los alimentos, cómo se pueden combinar o cómo se cocina.

No es la única aplicación de la inteligencia artificial a la salud, pues el proyecto también incluye una forma de aplicar esta técnica a la detección precoz del alzheimer mediante juguetes “que requieran cierto esfuerzo mental, como rompecabezas”, y una tomografía o imagen del cerebro. “Siempre prevalece la opinión de los expertos, por supuesto, pero puede ayudar a ser más rápidos en el diagnóstico”, destaca.

Todas estas aplicaciones son, para las empresas, “muy buena idea”, asegura Sola, que sin embargo destaca que queda “mucho camino por recorrer” para su implantación efectiva en un sector compuesto por “compañías muy pequeñas, que han sufrido mucho por la pandemia y que temen la competencia internacional, sobre todo China”, por lo que en ocasiones “no ven claro lanzarse a la piscina” de la innovación.

Pero estas tecnologías no solo se pueden aplicar al juego, sino que Sola destaca su carácter transversal y señala algunos campos que podrían beneficiarse de ellas, como la industria, donde se podría probar maquinaria digitalmente para reducir los accidentes laborales, la automoción, para ver cómo queda un coche al cambiar determinados componentes, o la decoración de interiores, donde la creación de escenarios puede ayudar a ver cómo quedarían determinados muebles.

En cuanto al futuro del sector, Sola considera que, aunque “la tendencia es a que cada vez haya más juguetes tecnológicos”, la “esencia de jugar con una pelota o con una muñeca no se va a perder”, del mismo modo que “se decía que el libro electrónico iba a acabar con el libro en papel, pero sea sigue comprando igual o más”.

Lo que tiene claro el investigador es que “la mejor forma de aprender es aprender jugando” y que “si lo puedes hacer con un juégate, mucho mejor”.

“No es lo mismo que te explique matemáticas un profesor a que jugar con un juguete te enseñe a sumar”, asegura, y por ello concluye que las posibilidades de innovación en este campo son “casi infinitas”.