EFEValència

La valenciana Leticia Cabo, voluntaria en los buques de salvamento de la ONG Proactiva Open Arms, adora el mar pero cuando sale a navegar, los recuerdos de aquel Mediterráneo donde se refugiaba de niña se enfrentan al horror que centenares de mujeres, hombres y niños asumen para tratar de llegar a Europa.

"Todos mis recuerdos en el mar eran bonitos, porque me refugiaba en él cuando ni siquiera sabía lo que significaba la palabra 'refugio', pero ahora también siento frustración al pensar en todas esas personas que se están ahogando y que se podían salvar", destaca a EFE.

La joven cumplía con su jornada en el Servicio de Asistencia Médica Urgente (SAMU) de València cuando, a finales de 2015, un periodista contactó con ella para solicitarle ayuda en el campamento de refugiados de la Jungla de Calais (Francia), que llegó a albergar a más de 50.000 personas.

Una de esas personas a las que auxilió Leticia, la única española en el campo, fue un joven de 16 años de origen sirio, que le pidió ayuda para enviar una carta de agradecimiento a un grupo de compatriotas suyos que le salvaron la vida cerca de la isla de Lesbos: los voluntarios del Open Arms.

Apenas unos días después, Cabo se embarcó en las experiencias que más le han trastocado su vida, las misiones de Proactiva Open Arms en Lesbos y en el Mediterráneo central a bordo de buques como el Astral, el Open Arms o el Golfo Azzurro.

En ellos ha participado ya hasta en seis ocasiones, en lo que para ella es "una responsabilidad" por el respeto que tiene al mar y porque tiene "unas herramientas" como profesional sanitaria.

Junto a ella, una veintena de voluntarios que han recibido formación específica pueblan los barcos de Proactiva Open Arms, desde los que supervisan las aguas en las que navegan, a la espera de detectar alguna embarcación con personas que precisen ayuda sanitaria y psicológica, además de ser dirigidos a un puerto seguro.

Su labor termina precisamente ahí, cuando estos miles de mujeres, hombres y niños ponen un pie en tierra, donde son puestos a disposición del gobierno receptor.

El Gobierno español impedía desde hace tres meses que los navíos del Open Arms partieran del puerto del Barcelona en busca de migrantes a los que rescatar, debido a que el Ministerio de Fomento consideraba que no se podía garantizar que los buques pudiesen desembarcar a las personas rescatadas en un puerto seguro.

Sin embargo, la semana pasada recibieron la que para Cabo es una autorización "agridulce" que les permite transportar ayuda humanitaria a los campamentos de personas situados en las islas de Lesbos y Samos pero no realizar rescates.

Desde Open Arms continúan reivindicando el permiso para asistir a personas en alta mar, porque insisten en que el suyo es "un barco preparado para hacer rescates".

Unos rescates que se desarrollan en misiones que duran habitualmente entre quince y treinta días y durante las que han llegado a dar cobijo a más de 300 personas que navegaban a la deriva.

En este caso, la ayuda humanitaria que, desde el martes, va en camino, consta de 20 toneladas de productos de primera necesidad, entre los que se encuentran materiales de higiene y alimentos facilitados por varios centenares de voluntarios.

En unos días, el Open Arms volverá a atracar en el puerto de Barcelona, a la espera de recibir el consentimiento para partir de nuevo, aunque su actividad nunca cesa para evitar que se silencien, como señala la joven voluntaria valenciana, "muertes sin nombre".

Cristina Doménech