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  • Pepita Lumier, la pequeña galería que reivindica la ilustración como arte
  • València, 14 ene (EFE).- En sus tres años de andadura la galería de arte Pepita Lumier de València se ha convertido en un referente del dibujo contemporáneo y lo ha situado como una disciplina artística de primer nivel, pero sus gestoras, Cristina Chumillas y Lucía Vilar, echan en falta más apoyo a esta industria cultural.

    Pepita Lumier, un juego de palabras que daba pie a crear una especie de personaje de cómic y que "lo que pasara dentro del local fuera un poco su vida", surgió en un momento en el que la ciudad estaba "ávida" de proyectos culturales nuevos, recuerda Chumillas en una conversación con EFE.

    Ambas se inclinaron por la ilustración y el cómic porque además de ser aficionadas a estas disciplinas artísticas era un sector que "no estaba lo suficientemente atendido" ni tenía cabida en las galerías tradicionales "a diferencia de lo que pasa en el extranjero", añade Vilar.

    Se marcaron como reto cubrir este hueco y abrieron Pepita Lumier con una primera temporada y una segunda ya cerrada, y por su espacio han pasado figuras como Mariscal, Paco Roca o Paula Bonet, que ya han llevado dos propuestas expositivas, y una larga nómina de artistas noveles y autores consagrados, como Gabriel Moreno o David de las Heras.

    "No es que Pepita Lumier haya resuelto un vacío o una problemática", precisa Chumillas, pero ofreció a los ilustradores la posibilidad de tener un espacio donde exponer su obra original y que "se les considerara como cualquier otro artista plástico".

    La galería, ubicada en la calle Segorbe, junto a la Estación del Norte, se propuso también "romper la barrera" que para muchas personas suponen las galerías de arte, como espacios elitistas, y para ello abrió una parte de tienda de originales, de libros y de artículos promocionales, y organiza charlas, proyecciones y talleres también para niños, como una forma de "relajar el ambiente".

    "Queríamos un espacio en el que la gente interactuara, se sintiera a gusto; un multiespacio cultural", señalan las galeristas.

    También hay una sección reservada a la exposición de artistas noveles, que todavía no han expuesto su obra y que destacan por su gran calidad, como Jaume Mora, de tan solo 23 años, pues sus gestoras creen que también son "responsables de los futuros artistas".

    Se muestran orgullosas de haber apostado por artistas como Coté Escrivá, que poco después de su muestra en València "empezó a arrasar en el mercado asiático", o de que Pablo Amargo, Premio Nacional de Ilustración 2004, se pusiera en contacto con la galería para exponer en esta ciudad.

    El dibujo contemporáneo "era un sector en el que había mucho de novedad y mucho por lo que apostar. Creo que en estos tres años se ha hecho un camino duro pero el resultado está ahí", agrega Vila.

    Sin embargo, lamenta la "falta de respaldo" a este sector y que la ilustración todavía no tenga cabida en las colecciones de arte públicas.

    "Está muy bien mostrar, ofrecer los espacios para que se exponga, pero al final es un problema nacional; no nos creemos la industria cultural que somos o que podemos llegar a ser", añade Chumillas.

    La ciudad de València, a su juicio, "sigue vendiendo sol y playas pero estaría bien también vender la programación de sus teatros, o los diferentes espacios culturales como Bombas Gens, que ha supuesto un impulso muy importante, sus galerías o sus anticuarios".

    "Cuando vas a otra ciudad -señalan- te informas sobre si vas a poder ver una exposición o una ópera que no se ofrece en tu ciudad, o sobre qué programan las salas de teatro", y coinciden en que está bien ofrecer el "buen clima" de València pero también su importante tejido cultural.

    Sobre sus próximos retos, reconocen que el negocio de las galerías de arte es como una "montaña rusa, muy difícil de prever", por lo que de momento solo se proponen "vivir el presente" y continuar "tirando del carro".

    Eva Batalla

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