EFEValència

Un arroz orientado al chef creado sin ningún tipo de tasa de impureza a partir de la colaboración del labrador y el molino es la esencia del trabajo artesanal de Molino Roca, que tiene como bandera la lealtad con la tradición, el vínculo con el territorio y los hombres del campo y la cultura del arroz.

Molino Roca, con sede social y almacén en Quart de Poblet (Valencia) y molino en la montaña de Navajas (Castellón), a 500 metros de altura, practica el comercio justo y garantiza un especial celo por parte del labrador para hacer un buen producto.

Esta filosofía lo ha hecho merecedor de los V Premios Compromiso con la Tierra, creados por el portal gastronómico GastroActitud para reconocer "proyectos únicos liderados por pequeños productores que han contribuido a mejorar un producto, recuperar una raza, repoblar una zona o sostener un sistema de producción antiguo".

Los hermanos Eduardo y Antonio Torres son la quinta generación del molino, nacido en 1903 y que hace cuarenta años dio un cambio de rumbo para orientarse hacia los grandes cocineros que le ha llevado a estar catalogado como el mejor molino de tique medio-alto, según explica Eduardo en una entrevista con la Agencia EFE.

La empresa cuenta con una semilla certificada que proporciona al agricultor para su siembra y con la que se obtiene un arroz sin ningún tipo de tasa de impureza, "la flor del arroz, el grano perfecto", en un proceso de pulido japonés a muy baja revolución, que es prácticamente artesanal y con el que se consigue mantener más fibra.

El proceso garantiza la estabilidad en el grano, el grano siempre es el mismo, afirma Eduardo Torres: "Sin nada de almidón y sin ningún componente que le pueda estorbar".

Sus quince labradores colaboradores cultivan el arroz en Valencia y en campos del Delta del Ebro y perciben un precio entre un 30 y un 40 % más que en una cooperativa.

También sus clientes son exclusivos y entre ellos hay estrellas Michelin: Ángel León, Dani García, Rodrigo de la Calle, Francis Paniego, Hermanos Torres, Alberto Ferruz, María José San Román, Martín Berasategui o Quique Dacosta -en el restaurante El Poblet de València-.

En España vende unos 2,5 millones de kilos, y en el mercado internacional su arroz se puede comer en Australia, Catar, EE.UU. o Brasil.

Uno por uno y allá donde esté, Eduardo visita al cocinero para contar las excelencias de este arroz, que puede ser "bombita", de una semilla pura que les ha costado quinc años encontrar, "carnaroli envejecido" -cuyas pruebas costaron tres años de pérdidas-, o de la variedad bomba.

Mientras su hermano Antonio se ocupa del molino, Eduardo -que asegura comer arroz todos los días- se encarga de la labor comercial y recorre entre 120.000 y 150.000 kilómetros al año para explicar a los cocineros de qué manera se le puede sacar el máximo partido a cada variedad de arroz.

En Molino Roca, la investigación y la innovación es constante y acaba de invertir cerca de 200.000 euros en maquinaria y en reformar el molino, que solo produce 100 kilos a la hora y cada año crece un 10 % sus ventas. "Si creciéramos más, perderíamos la esencia, y queremos ser auténticos", proclama.

Eduardo destaca: "Crecemos con el restaurante, porque el chef se motiva, se inspira con nuestro arroz para nuevas creaciones".

El Premio Compromiso con la Tierra garantiza a Molino Roca dar más valor para el profesional en un mercado global siempre cambiante y lo más importante, añade, es el compromiso que tiene con la tierra, con su labrador y con el cocinero.

Molino Roca se ha embarcado en un proyecto para participar en junio de 2021 en Barcelona en la feria Orígenes, donde se pondrá al labrador en contacto con el producto y el cliente final.