EFEValència

Ajustar los videojuegos a la vida real y no al revés es una de las lecciones insignia de Gamer Valencia, el primer campamento urbano para amantes de las videoconsolas creado por jugadores profesionales y educadores con el fin de que los jóvenes aprendan, entre partida y partida, a gestionar el tiempo y salvaguardar su privacidad en la red.

Este proyecto educativo, que reinventa los clásicos campamentos estivales, se ha puesto en marcha este verano en el centro de alto rendimiento Elite Gaming de València y está pensado tanto para los pequeños como para los padres "preocupados por que sus hijos aprendan a jugar en un entorno sano y seguro", explica a EFE la organizadora del encuentro, Elena Ajenjo.

"A los niños a los que les encanta el fútbol, sus padres les apuntan a un campamento de fútbol durante las vacaciones; y a quienes les gusta la cocina, de cocina. Pero de videojuegos no, porque están muy mal vistos", asegura Ajenjo, que añade que muchas veces los padres subestiman "los grandes beneficios que tienen, bien enfocados y dosificados".

La falta de una formación reglada, reconoce, supone que "detrás de este mundillo que a los niños les parece solo un juego pueda haber ciertos peligros", pero la respuesta "no es prohibirles" los videojuegos sino "hablarles de cómo crear un perfil seguro o con quién interactuar y con quién no" para proporcionarles así herramientas básicas sobre seguridad y privacidad en la red.

Mientras juegan en el campamento, los monitores -profesionales de la educación y de los videojuegos- les van lanzando preguntas "como ¿con quién estás jugando? ¿Qué sabes tú de ese perfil y él de ti? para explicarles que en realidad no conocen de nada a esa persona con quien juegan por Internet", señala Ajenjo, que es psicopedagoga además de madre de un "gamer" ('jugador' en inglés).

Además de una apuesta por canalizar "las habilidades que potencian los videojuegos", como el compañerismo y la gestión del tiempo, Gamer Valencia es también, según su organizadora, una oportunidad para atajar los prejuicios que muchos padres tienen en torno a esta forma de diversión de muchos jóvenes.

"Entre padres e hijos hay un salto generacional" pero, asevera, lejos de ser una brecha los videojuegos pueden ser "un vínculo afectivo y de cercanía con ese adolescente que se nos está yendo de las manos", porque es "con lo que ellos se identifican, se abren y te explican un poco todo".

Gamer Valencia ha contado con un perfil mayoritario entre sus asistentes de entre 10 y 14 años en su primera edición, celebrada en julio, aunque más allá del campamento veraniego el proyecto busca seguir su actividad con talleres y encuentros también en otros periodos de vacaciones como Navidad y Pascua.

La organizadora subraya que estos encuentros, que "forman" a los jóvenes, son importantes también para los padres, entre quienes existe la inquietud de saber discernir "si sus hijos juegan mucho porque les gusta o porque hay una adicción".

Para Ajenjo, "si cuando el niño lleva dos horas jugando sus padres le dicen que deje la partida para ir a la piscina y entra en una crisis de ansiedad o tiene un perfil agresivo, eso es indicativo de que existe un problema", por eso, subraya, es esencial el papel de los padres como "vigías".

En el campamento, explica, "se les hacía cortar las partidas a medias para ir a almorzar" para que aprendan a valorar que "solo es un juego" y tienen que adaptarlo a su vida y sus obligaciones, como cuando tienen que hacer los deberes o algún recado, y en ningún caso ajustar los tiempos a la inversa.

Además, los jóvenes que han participado en Gamer Valencia han combinado las lecciones de jugadores profesionales como el youtuber Revol Aimar con actividades al aire libre, como visitas al Bioparc y excursiones a la playa.

Miriam Álamo