EFEValència

Envenenados, atropellados o cazados en cepos. Así terminó la vida de una gran parte de los lobos ibéricos (Canis lupus signatus) que habitaban en la Comunitat Valenciana en el siglo XIX y doscientos años más tarde, su población no se ha recuperado y su futura llegada todavía es un misterio, mientras se ha recuperado en parte de la Península Ibérica.

El lobo ibérico ha estado históricamente perseguido por intereses cinegéticos y su conflictividad con el ganado y aunque hoy solo habita principalmente el noroeste peninsular, desde hace unas pocas décadas ha iniciado una sutil mejoría en la población y una expansión de su área de distribución al sur del río Duero.

El territorio valenciano, en cambio, continúa sufriendo un gran despoblación lobuna, según el doctor en Biología por la Univesitat de València Vicente Palacios, quien asegura a EFE, que "la expansión por el Sistema Ibérico parece que se ha ralentizado en los últimos años, a pesar de que hay zonas en las que el hábitat parece idóneo para facilitar la llegada de la especie a la Comunitat"

Palacios, que lleva estudiando el comportamiento y la ecología del lobo ibérico durante más de veinte años, desconoce cuándo se darán las condiciones adecuadas para que esta especie "pueda llegar de forma natural" al territorio valenciano, aunque apunta que ya se están produciendo algunas transformaciones territoriales y demográficas que favorecerían su llegada, como el proceso de despoblación rural.

"El bosque y el matorral pasan a ocupar zonas que antes se cultivaban o pastoreaban, lo que permite crear un nuevo hábitat propicio para animales presa del lobo ibérico, como el corzo o el jabalí", lo que facilitaría la expansión de la especie por todo el Sistema Ibérico.

La futura llegada del lobo, aunque muy esperada por los investigadores, "tiene unas consecuencias directas sobre la población" y el entorno paisajístico, además de suponer "una disyuntiva clara entre los habitantes de las ciudades y de los pueblos del interior", matiza el biólogo.

A su juicio, los habitantes de las zonas urbanas están preparados para su llegada. "Atraídos por la fauna silvestre, son conscientes de que no perjudicarían a sus intereses", mientras que el mundo agrario "entraría en conflicto con la especie", puntualiza.

El enfrentamiento se daría principalmente en aquellos espacios donde había desaparecido el lobo y ahora, de nuevo, vuelve a ocupar el territorio, ya que "los ganaderos han perdido la forma de manejar el ganado", por lo que, para evitar ese conflicto "es necesario asumir su existencia y actuar en consecuencia".

Una de las soluciones a la disputa entre ganaderos y lobos es el uso de perros mastines, "los cuales protegen los rebaños del ataque de los predadores" y su utilización significaría que los primeros "ya han aceptado la presencia de la especie y quieren disminuir los efectos", según el experto.

Los ganaderos no son los únicos que deberán hacer cambios porque, en su opinión, la Administración también "tendrá un papel fundamental" en la conservación del lobo, a través de medidas de gestión que favorezcan su establecimiento y reproducción.

En la actualidad, la legislación que ampara a este carnívoro varía en función de cada comunidad autónoma y mientras en el sur del río Duero, la especie goza de una protección estricta, en el norte, donde se encuentra la mayoría, está permitida su caza.

Ante la falta de consenso legislativo entre territorios, la corriente conservacionista defiende una ley de protección estatal, aunque el biólogo considera que esta "no asegura la recuperación o la estabilización de las poblaciones".

“Paradójicamente, en la Península Ibérica la evolución de las comunidades ha sido más favorable en las zonas donde la especie no está estrictamente protegida y se permite su caza o control", sostiene.

Lo que sí que está claro es que el lobo ibérico siempre ha estado sometido a una gran presión humana y hasta los años 70 se consideró "una alimaña que se tenía que exterminar" y, aunque posteriormente, los cambios legislativos y sociales han permitido su recuperación en la comunidad de Madrid, por ejemplo, su futura llegada a la Comunitat todavía resulta una incógnita.

Ester Fayos