EFEValència

Curar la "vacunofobia" al ofrecer información fidedigna a los padres es el objetivo del Proyecto Inmuniza, impulsado por cuatro pediatras y una enfermera a nivel nacional y que pretende que no bajen las coberturas vacunales para evitar brotes de enfermedades prácticamente erradicadas.

La pediatra valenciana María Garcés forma parte de este grupo, que nació de la semilla plantada por Roi Piñeiro, jefe de Servicio de Pediatría del Hospital General de Villalba (Madrid), para ofrecer información a los padres que tenían dudas respecto a las vacunas.

"Si tienes el tiempo suficiente para hablar con ellos se les disipan las dudas", afirma a EFE Garcés, que añade que decidieron crear una red que pudiera llegar a todos los hogares de España y cubrir la comunicación médico-paciente, que ha sido siempre "un punto débil por parte de la Medicina".

Para Garcés no hay "antivacunas" sino "gente completamente desinformada" que asume información incorrecta. "Los bulos están de moda y hay gente que se los toma en serio", indica para recordar que los ciudadanos tienen la posibilidad de informarse y comparar esa información con los profesionales.

Fue Roi Piñeiro quien etiquetó a los contrarios a las vacunas como "vacunofóbicos" al pensar que es "una especie de fobia que puede ser tratada. Es como tener fobia a las agujas". "La vacunofobia se cura a través de la información fidedigna", afirma.

Esta investigadora del área de vacunas de la Fundación para el Fomento de la Investigación Sanitaria y Biomédica de la Comunitat Valenciana (Fisabio) señala que intentan gestionar la información para que padres y madres "puedan preguntar con libertad" y se les informe "con todos los datos para que estén tranquilos respecto a la inmunización".

Según Garcés, está descrito, desde que las vacunas se aplican de forma sistemática, que son el medicamento que "menos efectos adversos tiene. Se le pide la máxima seguridad porque se aplica a la población completamente sana".

No obstante, puede tener entre un 5 y un 10 % de efectos adversos que estaría dentro de la categoría de dolor, enrojecimiento o fiebre. "Son efectos que realmente no tienen importancia cuando la población en general tiene miedo a la enfermedad", apunta.

Conforme se incrementa la cobertura vacunal la enfermedad desaparece y, según la pediatra, la gente "pierde el miedo a la enfermedad y lo que empieza a tener peso específico es el efecto adverso". "Ahí es donde se genera esa falta de confianza". advierte.

Si el paciente no sabe lo que evita a través de las vacunas porque no se lo ha comunicado su médico, "no sabe cuál es el impacto ni los riesgos que tiene por pasar la enfermedad. Cree que la vacuna le va a hacer daño".

La intención del Proyecto Inmuniza es "disipar ese miedo" porque actualmente, asegura, hay catorce enfermedades prácticamente eliminadas, o al menos sostenidas, con la vacunación, y si la cobertura vacunal baja, "vuelven a aparecer".

Advierte de que para poder controlar el sarampión, cuya tasa de transmisión es muy elevada porque por cada paciente enfermo que se pone en contacto con la población se contagian de catorce a dieciséis personas, se necesitan "coberturas del 95 % en las dos dosis".

"En cualquier lugar en el que la cobertura sea más baja, como estamos viendo en Europa, se producen brotes de la enfermedad", asegura Garcés para advertir de que se necesita la colaboración de la población para que no ocurra.

También se refiere a otras dolencias como la poliomielitis que, afirma, "estamos muy cerca de erradicar". "Si no hubiera conflictos bélicos no cabría duda de que estaría erradicada", afirma y añade que si se produce algún caso en España, algo "muy raro porque tenemos coberturas vacunales altísimas", sería "un caso importado".

"La importancia es mantener esas altas tasas de cobertura, porque quien está en riesgo si viniera un caso de poliomielitis sería aquel que no está vacunado", indica.

Apuesta por que el calendario vacunal siga siendo voluntario y destaca que con él se da a la población "una oportunidad para beneficiarse de algo que no tiene la mayoría de los países europeos".

"Si hace 20 años me hubieran dicho que íbamos a tener un calendario como el actual me habría puesto a llorar de la emoción", confiesa; a su juicio, en España tenemos "un calendario completísimo y gratuito para toda la población" y aunque "faltarían algunas vacunas", puede modificarse en función de cómo cambie la epidemiología.

A finales de los 90 se hacía una media de siete punciones lumbares en una guardia en octubre y la mayoría era por meningitis, pero ahora casi ya no se usa esa técnica "gracias a la vacunación".

También la gastroenteritis por rotavirus se ha eliminado prácticamente de la circulación, incluso sin tener la vacuna en el calendario, "y las deshidrataciones por este motivo son, en este momento, anecdóticas".