EFEValència

Un proyecto coordinado por Aimplas, Instituto Tecnológico del Plástico, ha concluido con la creación de un envase que preserva el patrimonio cultural del siglo XX realizado sobre soportes derivados de la celulosa, películas y fotografías que contienen este material químicamente inestable que amenaza su conservación a largo plazo.

El envase inteligente alarga la vida y mejora la conservación de estos archivos culturales, y permite reducir el consumo energético de los sistemas tradicionales de almacenamiento (normalmente, conservación en frío por debajo de 5ºC) y de los costes.

El sistema desarrollado consta de un envase que integra material adsorbente del ácido acético que libera la celulosa, sensores que detectan este ácido y el dióxido de nitrógeno, y un software que monitoriza estas emisiones y genera un modelo de degradación para poder tomar decisiones en cuanto a su conservación.

La caja Nemosine está fabricada en polipropileno por su resistencia química, estabilidad y efecto barrera al vapor de agua, por lo que es apta para su moldeado por inyección, y por su precio, un factor clave para la escalabilidad y comercialización de esta innovadora solución. Además, el envase ha pasado por diferentes análisis de caracterización para asegurar su funcionalidad y seguridad para la conservación del material cultural, informa Aimplas.

Los adsorbentes del ácido acético han sido desarrollados con el fin de paliar la degradación producida por el llamado síndrome del vinagre que amenaza la conservación de los materiales derivados de la celulosa. Están basados en redes metal-orgánicas, o MOFs (Metal-Organic Frameworks), un nanomaterial poroso eficaz para la adsorción de este ácido en condiciones de humedad, como es el caso del patrimonio cultural con derivados de la celulosa.

Para facilitar su manejo, estos adsorbentes se han integrado en una rejilla del envase en forma granulada en bolsas selladas de Tyvek, un material 100 % sintético hecho de fibras de polietileno de alta densidad. Los ensayos realizados han demostrado su eficacia, estabilidad mecánica y alta capacidad de adsorción.

En el caso de contaminación fúngica, esa rejilla puede llenarse con bolsas de gel de sílice para secar el material dañado primero y colocar posteriormente las bolsas de MOFs.

Dentro del proyecto Nemosine también se ha creado un sistema de sensores que detecta el ácido acético y los gases de dióxido de nitrógeno, obteniendo así una solución de bajo coste económico y energético para detectar la degradación de estos materiales.

Además, se ha desarrollado una interfaz gráfica que permite al usuario leer los valores tanto brutos como de concentración con una simple comunicación de datos mediante conexión inalámbrica a un ordenador. Para monitorizar el proceso de degradación, el software de Nemosine incluye un modelo de degradación que combina los datos de gases liberados que recogen los sensores y los metadatos introducidos por el usuario.

De esta forma, el proyecto ha conseguido desarrollar una nueva metodología para evaluar el estado de degradación de películas históricas, así como determinar el efecto de cada parámetro, como la temperatura relativa, la humedad y la presencia de los adsorbentes, en la vida del material.

Esta herramienta proporciona a los conservadores una guía de las mejores acciones de preservación basada en predicciones que permiten ahorrar energía y extender el tiempo de conservación. Gracias a la modularidad del envase inteligente, los sensores se pueden utilizar también para el control ambiental, ya que son independientes de la caja.